Keynes decía que nos iban a
ganar las máquinas, que nos iban a reemplazar… ¿qué tan equivocado estaba? Si
vemos a unos cuantos tipos sudando la gota gorda (porque ellos también son gordos)
48 horas semanales podemos pensar que “mucho”. Keynes se equivocó mucho. Hoy en
día los obreros (que existen, claro, en ese sentido de casco amarillo) son
tipos al teléfono. Hubo que inventar industrias enteras para tener ejércitos de
David Greybeards con electrodos en el balero.
Hoy podemos ver cómo estas
nuevas industrias son manejadas por jovencitos divinos con los dientes
blanqueados… Fucking wankers.
Ahora les quiero hablar de
Roberto (“Copete” para los amigos) el telemarketer. Vamos a verlo en acción,
este es un día de trabajo de Copete.
Copete llega al trabajo y
tiene que subir las escaleras hasta el piso 12 de un edificio que parece una
caja de cristal polarizado. El ascensor no anda.
Camina saludando a todos.
Esa que ven ahí es Lorena. “Hola, Lorena”. Y ahí está Marcelo. “Marcelo, ¿cómo
te va?”. (Entre nos… a Copete le gusta Lorena). Copete llega a su box que es un
habitáculo de madera aglomerada donde tiene clavadas con chinches algunas
fotos.
En su espacio (y aquí la
palabra ESPACIO es bien concreta) tiene una computadora, un teléfono y un
paquete de Chocolinas empezadas en el cajón. Tiene una foto del escudo de Boca
en el escritorio de la computadora. Porque Copete es de Boca.
Copete deja de tomar su jugo
Cepita y levanta el tubo…
Ahora es cuando Roberto
empieza a recibir cortes, en el mejor de los casos, e insultos, en el peor.
Nuestro amigo come
Chocolinas con la boca abierta y se le ven los dientes marrones justo cuando
pasa Lorena así que, ya se puede ir despidiendo de toda posibilidad de levante.
Ahora lo vemos a Copete
levantarse para ir al baño. Lo seguimos.
Los indicadores de sexo en
los baños son una aberración del diseño gráfico. Copete entra al de hombres y
se dirige a uno de los mingitorios. Mea mirando para arriba y con una mano
apoyada en la pared. La otra es para agarrar su propio tubo. Bien… lo esperamos…
la sacude un poco.
Ah, bueno… Copete sale del
baño y no se lava las manos…
Copete vuelve a su cubículo.
Continúa con las llamadas y
lo siguen insultando.
Ahora alguien hace un
comentario chabacano sobre lo que hará Lorena esta noche y Copete se ríe como
un adolescente en el fondo del salón durante la clase de reproducción sexual.
Así termina el día de
trabajo de Roberto, alias Copete.
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