miércoles, 26 de agosto de 2015

Copete, telemarketer

Keynes decía que nos iban a ganar las máquinas, que nos iban a reemplazar… ¿qué tan equivocado estaba? Si vemos a unos cuantos tipos sudando la gota gorda (porque ellos también son gordos) 48 horas semanales podemos pensar que “mucho”. Keynes se equivocó mucho. Hoy en día los obreros (que existen, claro, en ese sentido de casco amarillo) son tipos al teléfono. Hubo que inventar industrias enteras para tener ejércitos de David Greybeards con electrodos en el balero.
Hoy podemos ver cómo estas nuevas industrias son manejadas por jovencitos divinos con los dientes blanqueados… Fucking wankers.
Ahora les quiero hablar de Roberto (“Copete” para los amigos) el telemarketer. Vamos a verlo en acción, este es un día de trabajo de Copete.
Copete llega al trabajo y tiene que subir las escaleras hasta el piso 12 de un edificio que parece una caja de cristal polarizado. El ascensor no anda.
Camina saludando a todos. Esa que ven ahí es Lorena. “Hola, Lorena”. Y ahí está Marcelo. “Marcelo, ¿cómo te va?”. (Entre nos… a Copete le gusta Lorena). Copete llega a su box que es un habitáculo de madera aglomerada donde tiene clavadas con chinches algunas fotos.
En su espacio (y aquí la palabra ESPACIO es bien concreta) tiene una computadora, un teléfono y un paquete de Chocolinas empezadas en el cajón. Tiene una foto del escudo de Boca en el escritorio de la computadora. Porque Copete es de Boca.
Copete deja de tomar su jugo Cepita y levanta el tubo…
Ahora es cuando Roberto empieza a recibir cortes, en el mejor de los casos, e insultos, en el peor.
Nuestro amigo come Chocolinas con la boca abierta y se le ven los dientes marrones justo cuando pasa Lorena así que, ya se puede ir despidiendo de toda posibilidad de levante.
Ahora lo vemos a Copete levantarse para ir al baño. Lo seguimos.
Los indicadores de sexo en los baños son una aberración del diseño gráfico. Copete entra al de hombres y se dirige a uno de los mingitorios. Mea mirando para arriba y con una mano apoyada en la pared. La otra es para agarrar su propio tubo. Bien… lo esperamos… la sacude un poco.
Ah, bueno… Copete sale del baño y no se lava las manos…
Copete vuelve a su cubículo.
Continúa con las llamadas y lo siguen insultando.
Ahora alguien hace un comentario chabacano sobre lo que hará Lorena esta noche y Copete se ríe como un adolescente en el fondo del salón durante la clase de reproducción sexual.
Así termina el día de trabajo de Roberto, alias Copete.


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