Cuando la internamos a mamá en el hospital psiquiátrico, yo tenía once años. Todo lo que yo entendía al respecto, en ese entonces, era que mamá estaba enferma y tenía que curarse. No entendía que su padecimiento era mucho más grave que una gripe como las que solía tener mi hermanita.
Papá nos había dicho que "Mami no se siente bien y hay una gente que la va a ayudar". Y no sé qué tan buena era esa gente en su trabajo porque la ayudaron durante doce años hasta que murió.
En esos doce años la fuimos a visitar todo el tiempo aunque, después del quinto aniversario de haber ingresado al psiquiátrico, ya no nos reconocía.
Su mirada se fijaba en algún punto de la lejanía o en alguna esquina techo-pared.
Mi padre se volvió a casar pero esa es otra historia.
La semana pasada le llevé flores a mi madre, no porque me guste llevarle flores a los muertos sino porque tenía que pagar la cuota del cementerio y, de paso, renové los claveles marchitos, limpié la lápida. Y no: no me quedé habándole a mi madre esperando una señal.
De hecho, mientras ponía las nuevas flores, me llamó un amigo al celular. Ese hecho, fútil, por cierto, me pareció más importante que el hecho de estar estetizando la fachada de la casa de una muerta. "Arreglamos para mañana", le dije a mi amigo.
Los recuerdos, por llamarlos de alguna manera, "agradables" con mi madre son cada vez más lejanos, son como el sol que, cuánto más alto y distante, proyecta sombras más largas. Pero me acuerdo de un día en particular, yo volvía del colegio, cuando mi madre estaba escuchando Culture Club mientras hacía un flan casero.
Ese día la noté feliz. Creo que fue la única vez que vi a mi madre feliz. Y es posible que eso nunca haya pasado, que ese recuerdo sea una ficción de mi mente para aferrarme a la idea de que alguna vez, una vez en la vida, la mujer que ahora es polvo y huesos, fue feliz.
Madre murió hace nueve años, a veces no concibo la idea de tener 32 y que haya pasado tanto tiempo. Nunca se me ocurrió, hasta ayer, mirar fotos de ella y nosotros cuando "todo estaba bien". Foto familiar en el campo... es un día de sol fastuoso, el paisaje invita a olvidarse de todos los problemas pero, ¿hay alegría en los ojos de mi madre? ¿Es real esa sonrisa?
¿Le hicimos mal nosotros?
Lo que quiero decir, todavía tengo once años y a mamá se la están llevando a un hospital.
Tengo que matarla para siempre.
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