martes, 29 de enero de 2019

La desgracia de Pablo


Gran decepción se llevó Pablo (qué tipo boludo) al comprobar que el sexo anal no era como en las escenas pornográficas que, consuetudinariamente, miraba en su computadora... Bollos de servilletas que eran origamis abstractos de semen y soledad...
La chica le había dicho que estaba de acuerdo pero que no estaba lista y quien avisa no traiciona...
Después del incidente tuvo que sacar las sábanas de la cama de sus padres y echarlas a lavar en el Whirpool de puerta frontal y vio que aún tenía restos de negligencia en su cuerpo...
Pablo sintió asco por la situación y por la chica que ya demasiado avergonzada estaba a pesar de que había insistido en que no estaba lista pero él insistió en meterse de lleno en su orificio anal porque (y esto es lo que confirma que es un boludo) se suponía que tenían algo especial.
Esa tarde aprendió que la realidad es muy distinta y la noche se bañó con minuciosidad pero también se masturbó recordando una escena que vio en su computadora... Una escena de sexo anal pulcro aunque un poco aséptico ya que casi no había expresiones verbales.
Bien podía haberse reído del incidente y decir, por ejemplo: “Qué cagada nos mandamos”... Abrazar a la chica, fumarse un porro, bañarse juntos... Alguna boludez por el estilo. Pero no.
Pablo tenía una noción idealizada y ficcionalizada del sexo anal y así esperaba que le resultara a él.
Se sentía decepcionado y hasta... ¿Traicionado?
No tenía en cuenta que, sí, las mujeres cagan.
Cuando llegaron sus padres, notaron el olor que salía del baño porque Pablito no sabía programar el lavarropas y, por consiguiente, las sábanas, echas un bollo, estaban ahí emanando el aroma de la realidad.
Su madre sacó las sábanas para ver por qué olían así y vio el desastre... Pablín mintió; dijo que estaba viendo algo y se empezó a reír mucho y cuando se dio cuenta... Se había cagado de risa.
Obvio que su madre lo miró incrédula, al principio, pero ante la insistencia en los ojos del hijo, insistencia que parecía más un ruego: “Creeme, por favor”, lo miró con cara de: “Qué hijo retrasado que tengo”...
Y obvio que esa anécdota iba a ser un punto importante en las conversaciones de muchas fiestas posteriores.
-Pablo, contá de la vez que te hiciste caca en mi cama...
-Dale, le puede pasar a cualquiera.
Y muchas risas y jolgorio a costas de la desgracia de Pablito.
Después del incidente no habló con la chica durante muchos días porque él también tenía vergüenza pero después de una semana le pidió volver a intentarlo y ella le dijo que no y él se enojó y le hizo un berrinche.
Ella se empezó a reír y no podía creer lo inmaduro que era. Le dijo que no lo quería ver más y se fue.
Pablo se encerró en su cuarto a gritarle de todo pero después miro pornografía con su celular, se masturbó y durmió chocho de la vida.

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