Gran decepción se llevó Pablo (qué
tipo boludo) al comprobar que el sexo anal no era como en las escenas
pornográficas que, consuetudinariamente, miraba en su computadora...
Bollos de servilletas que eran origamis abstractos de semen y
soledad...
La chica le había dicho que estaba de
acuerdo pero que no estaba lista y quien avisa no traiciona...
Después del incidente tuvo que sacar
las sábanas de la cama de sus padres y echarlas a lavar en el
Whirpool de puerta frontal y vio que aún tenía restos de
negligencia en su cuerpo...
Pablo sintió asco por la situación y
por la chica que ya demasiado avergonzada estaba a pesar de que había
insistido en que no estaba lista pero él insistió en meterse de
lleno en su orificio anal porque (y esto es lo que confirma que es un
boludo) se suponía que tenían algo especial.
Esa tarde aprendió que la realidad es
muy distinta y la noche se bañó con minuciosidad pero también se
masturbó recordando una escena que vio en su computadora... Una
escena de sexo anal pulcro aunque un poco aséptico ya que casi no
había expresiones verbales.
Bien podía haberse reído del
incidente y decir, por ejemplo: “Qué cagada nos mandamos”...
Abrazar a la chica, fumarse un porro, bañarse juntos... Alguna
boludez por el estilo. Pero no.
Pablo tenía una noción idealizada y
ficcionalizada del sexo anal y así esperaba que le resultara a él.
Se sentía decepcionado y hasta...
¿Traicionado?
No tenía en cuenta que, sí, las
mujeres cagan.
Cuando llegaron sus padres, notaron el
olor que salía del baño porque Pablito no sabía programar el
lavarropas y, por consiguiente, las sábanas, echas un bollo, estaban
ahí emanando el aroma de la realidad.
Su madre sacó las sábanas para ver
por qué olían así y vio el desastre... Pablín mintió; dijo que
estaba viendo algo y se empezó a reír mucho y cuando se dio
cuenta... Se había cagado de risa.
Obvio que su madre lo miró incrédula,
al principio, pero ante la insistencia en los ojos del hijo,
insistencia que parecía más un ruego: “Creeme, por favor”, lo
miró con cara de: “Qué hijo retrasado que tengo”...
Y obvio que esa anécdota iba a ser un
punto importante en las conversaciones de muchas fiestas posteriores.
-Pablo, contá de la vez que te hiciste
caca en mi cama...
-Dale, le puede pasar a cualquiera.
Y muchas risas y jolgorio a costas de
la desgracia de Pablito.
Después del incidente no habló con la
chica durante muchos días porque él también tenía vergüenza pero
después de una semana le pidió volver a intentarlo y ella le dijo
que no y él se enojó y le hizo un berrinche.
Ella se empezó a reír y no podía
creer lo inmaduro que era. Le dijo que no lo quería ver más y se
fue.
Pablo se encerró en su cuarto a
gritarle de todo pero después miro pornografía con su celular, se
masturbó y durmió chocho de la vida.
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