miércoles, 13 de febrero de 2019

En un hotel


Hacía quince minutos que había llegado al hotel (una especie de posada, más bien) y estaba tirado en la cama, vestido, mirando el techo y jugando con sus pulgares sobre su estómago.
Libre de toda urgencia, durmió así: con los pies todavía colgando y los lentes puestos.
Cuando despertó habían pasado cuarenta minutos y sintió las piernas fatigadas; fue al baño.
El bidet estaba roto, el agua fría salía con un chorro lastimero. Pensó en llamar al encargado pero eso significaba salir del baño en condiciones deplorables así que trató de templar las aguas... Sintió ardor pero salió limpio. Sobrevivió.
Abajo había un bar modesto (a veces se usa la palabra “modesto” para decir que algo es una porquería) en el que había un televisor amurado a la pared; pasaban algún partido de fútbol.
Como tenía un bolsillo roto aprovechó para rascarse el escroto mientras comía pizza. Nunca limpian bien las servilletas de los bares, usó el mantel que ya estaba bastante sucio.
No le iba a tomar más de dos días estar en ese pueblo de mierda; tenía que visitar la tumba de su amigo, visitar a su hija, a su nieto y... No recordaba el nombre del nieto.
Volvió a la habitación para bañarse y en el pasillo de su piso vio a una de las empleadas del hotel. En realidad le miró el orto y se mojó los labios secos con la lengua.
Después de bañarse la llamó a la hija y la hija lo mandó a la mierda. Así que fue al cementerio a visitar la tumba de su amigo.
Al amigo no le habló porque los muertos son cualquiera: nunca escuchan.
Volvió a llamar a la hija y le dijo que quería ver a su nieto. La hija lo volvió a mandar a la mierda.
Fue caminando al hotel y vio de nuevo a la empleada... En realidad le vio las tetas.
Fue a su habitación y se hizo una paja. Como pudo.
Fumó y tomo cervezas.
Volvió a llamar a la hija y la hija lo volvió a mandar a la mierda.
Tomó más cervezas. Tomó licores. Tomó de todo.
Se ahogó con el vómito.
Lo encontraron desnudo y parecía un papiro.


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