miércoles, 8 de julio de 2020

The devil thumbs a ride


Estaba leyendo un libro y descubrí la palabra “escuchimizado” que significa que algo está muy delgado, raquítico, débil. Por ejemplo: “Ahora no puedo porque tengo el pene escuchimizado” o “Estoy demasiado escuchimizado para mantener esta conversación”.
Creo que la última vez que fui a confesarme fue a los 13 años y nunca confesé que me hacía la paja. Era como... Tenía la idea de que la paja era pecaminosa pero pensaba que si se lo contaba al cura éste le iba a contar a mis padres o cosas así. Ahora que lo pienso, seguro que si le contaba al cura que me ajusticiaba el tipo empezaba a masajearse la pinga y a decirme: “¿Cómo lo hacés?” Miralo vos al curita.
Como sea, creo que alguna vez fui un ser humano bueno y decente pero una vez, en este viaje que se llama “la vida”... The devil thumbs a ride.
A partir de ahí fue todo cotizar en baja. El precio de mi vida bajó abruptamente y me vendí. Me vendí a mi peor versión.
Aunque ahora parece que sé llevar bastante bien este negocio pero no se vayan a creer, mi vida es un préstamo que estoy pagando con intereses.
Me gustaría estar más en las sombras pero mi sociopatía funcional me tira más a la charla floja en torno a la mesa. Qué paja la gente optimista, los soñadores. No saben nada. “Pidrín dicir ki siy in siñidir piri ni siy il íniki”.
Estamos solos en un cuarto blanco. De pronto: oscuridad. Solo una risa. El ruido más fuerte que jamás vas a escuchar.
A veces, en serio, veo mi reflejo en una ventana y me descubro un poco feliz y quiero atrapar ese reflejo para no perderlo o para pegarle y decirle que no se distraiga porque esa felicidad ultrachiquita que aparece es como una brasa de pucho en la oscuridad de un campo de batalla en la mira de un francotirador con un Setyr SSG 69. Siempre hay algo o alguien con la mira enfocada para bajarte de un tiro cualquier chispita de felicidad. Es preferible que la mate uno mismo. Y es, en definitiva, lo que hacemos casi siempre: sabotearnos solos. Ustedes saben a lo que me refiero.
Si mi reflejo feliz me pudiera ver a mí me diría: “Arruinaste todo, de verdad”. Y tendría toda la razón del mundo. Pero bueno, mi reflejo feliz no conoce la verdad y la verdad te arruina.
Y uno se va poniendo frío de adentro para afuera.
Qué sé yo.
Voy a fumar.

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