domingo, 23 de enero de 2022

Te quiero, Michael

 

A veces no nos damos cuenta pero la vida también es muy injusta con las celebridades. Si las celebridades fueran completamente dichosas, por lo menos, los simples mortales podríamos pensar: “Ey, guau… Pará. La vida tiene dos mitades, una buena y otra mala. A mí, que trabajo diez horas por día, pago el alquiler de un casa de dos dormitorios, cocina comedor y baño en la que vivo con mi esposa y mis cinco hijos, me tocó estar en la mitad de mierda pero está la otra mitad en la que Michael Douglas le chupa la concha a Catherine Zeta Jones… Dios mío, lo que debe ser esa vagina…De solo pensarlo… Cuando mi esposa vuelva de hacerse las uñas en la pedicura voy a hundir mi cara en su entrepierna. Podríamos mandar a los chicos a lo de la abuela un par de días… Aunque no sé para qué porque a esta altura de mi vida necesito un respirador artificial después del tercer polvo…”.
En fin. Pero no. Porque la vida también es injusta con las celebridades y Michael Douglas tiene cáncer por chuparle la concha a Catherine Zeta Jones. La vida es un cáncer que produce entropía positiva, produce desorden, produce caos y él único momento de equilibrio, de perfecto balance, de tranquilidad, el momento en el que la balanza está equilibrada es… LA MUERTE.
Si le pasan cosas malas a las celebridades qué podemos esperar para nosotros… Pero ya sé que ser famoso no te salva de nada. Es decir, no te salva de morir y por eso la muerte es tan fría y severa hasta la crueldad pero es justa. Ser famoso te permite, por ejemplo, pagarte los mejores médicos del mundo pero si la vida no es justa, la muerte lo es. Aguante la muerte. Soy fanático de la muerte. Yo le haría sexo oral a la muerte que es mujer, no tengo dudas de eso…
Me imagino que le voy a hacer sexo oral a la muerte y tiene una concha oscura, tenebrosa y fría como si se hubiera colado, uno por uno, veinte caramelos Halls Extra Strong… pero no huele a menta sino a horror, a tristeza, desolación… Un poco lo que se siente a veces con la falopa cuando pega mal.
Si la muerte fuera Catherine Zeta Jones, morirse estaría más aceptado… Al menos en la sociedad occidental que acá tenemos un temita con eso… Aunque en algunos países sea legal la eutanasia pero todavía estamos bastante retrasados al respecto.
Pero, insisto, la vida es injusta. Y la injusticia es el precio de vivir en este mundo… en esta estructura caótica y absurda.
Y lo peor de todo es que, en realidad, el noventa por ciento de la población mundial no sabe que la vida es injusta y ese mismo noventa por ciento de la población mundial va por la vida en piloto automático hasta que se muera y se engañan estas personas, un poco, mucho, tomando un frapuccino de frutilla servido por un mozo colombiano en un Starbucks para tomarlo mientras leen alguna novela de Isabel Allende y después van y comentan: “Me enganché con una novela de Isabel Allende, cambiendo de tema, no me gusta Germán Maritegui de jurado en Master Chef, no sé… me da como una energía re negativa. ¿Nos sacamos una foto?”
Ese noventa por ciento no se da cuenta pero ya nació programado con el chip de que se va a morir y listo. Nacemos con obsolescencia programada. Pero no todos van a morir como Michael Douglas.
Por otro lado… tampoco seamos injustos con nosotros mismos, simples mortales, y no midamos el éxito o la felicidad de acuerdo a los parámetros a los que el mercado nos ha acostumbrado  y adoctrinado para que aceptemos. Porque por ahí Michael Douglas no la está pasando tan bien… Deberíamos, desde el Sindicato de los Simples Mortales (SSM) hacer alguna movida y… podemos darle un abrazo simbólico a Michael Douglas. Poner un día como eso de apagar las luces en todo el mundo al mismo tiempo pero podríamos arrobar a Michael en Instagram (debe tener) y escribirle “Te quiero, Michael” en varios idiomas, todos a la vez.
Este texto está dedicado a Michael, de hecho.
Te quiero, Michael.

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