Te quiero, Michael
A veces no
nos damos cuenta pero la vida también es muy injusta con las celebridades. Si
las celebridades fueran completamente dichosas, por lo menos, los simples
mortales podríamos pensar: “Ey, guau… Pará. La vida tiene dos mitades, una
buena y otra mala. A mí, que trabajo diez horas por día, pago el alquiler de un
casa de dos dormitorios, cocina comedor y baño en la que vivo con mi esposa y
mis cinco hijos, me tocó estar en la mitad de mierda pero está la otra mitad
en la que Michael Douglas le chupa la concha a Catherine Zeta Jones… Dios mío,
lo que debe ser esa vagina…De solo pensarlo… Cuando mi esposa vuelva de hacerse
las uñas en la pedicura voy a hundir mi cara en su entrepierna. Podríamos
mandar a los chicos a lo de la abuela un par de días… Aunque no sé para qué
porque a esta altura de mi vida necesito un respirador artificial después del
tercer polvo…”.
En fin. Pero
no. Porque la vida también es injusta con las celebridades y Michael Douglas
tiene cáncer por chuparle la concha a Catherine Zeta Jones. La vida es un
cáncer que produce entropía positiva, produce desorden, produce caos y él único
momento de equilibrio, de perfecto balance, de tranquilidad, el momento en el
que la balanza está equilibrada es… LA MUERTE.
Si le pasan
cosas malas a las celebridades qué podemos esperar para nosotros… Pero ya sé
que ser famoso no te salva de nada. Es decir, no te salva de morir y por eso la
muerte es tan fría y severa hasta la crueldad pero es justa. Ser famoso te
permite, por ejemplo, pagarte los mejores médicos del mundo pero si la vida no
es justa, la muerte lo es. Aguante la muerte. Soy fanático de la muerte. Yo le
haría sexo oral a la muerte que es mujer, no tengo dudas de eso…
Me imagino
que le voy a hacer sexo oral a la muerte y tiene una concha oscura, tenebrosa y
fría como si se hubiera colado, uno por uno, veinte caramelos Halls Extra Strong…
pero no huele a menta sino a horror, a tristeza, desolación… Un poco lo que se
siente a veces con la falopa cuando pega mal.
Si la muerte
fuera Catherine Zeta Jones, morirse estaría más aceptado… Al menos en la
sociedad occidental que acá tenemos un temita con eso… Aunque en algunos países
sea legal la eutanasia pero todavía estamos bastante retrasados al respecto.
Pero,
insisto, la vida es injusta. Y la injusticia es el precio de vivir en este
mundo… en esta estructura caótica y absurda.
Y lo peor de
todo es que, en realidad, el noventa por ciento de la población mundial no sabe
que la vida es injusta y ese mismo noventa por ciento de la población mundial va
por la vida en piloto automático hasta que se muera y se engañan estas
personas, un poco, mucho, tomando un frapuccino de frutilla servido por un mozo
colombiano en un Starbucks para tomarlo mientras leen alguna novela de Isabel
Allende y después van y comentan: “Me enganché con una novela de Isabel
Allende, cambiendo de tema, no me gusta Germán Maritegui de jurado en Master
Chef, no sé… me da como una energía re negativa. ¿Nos sacamos una foto?”
Ese noventa
por ciento no se da cuenta pero ya nació programado con el chip de que se va a
morir y listo. Nacemos con obsolescencia programada. Pero no todos van a morir
como Michael Douglas.
Por otro
lado… tampoco seamos injustos con nosotros mismos, simples mortales, y no
midamos el éxito o la felicidad de acuerdo a los parámetros a los que el
mercado nos ha acostumbrado y
adoctrinado para que aceptemos. Porque por ahí Michael Douglas no la está
pasando tan bien… Deberíamos, desde el Sindicato de los Simples Mortales (SSM)
hacer alguna movida y… podemos darle un abrazo simbólico a Michael Douglas.
Poner un día como eso de apagar las luces en todo el mundo al mismo tiempo pero
podríamos arrobar a Michael en Instagram (debe tener) y escribirle “Te quiero,
Michael” en varios idiomas, todos a la vez.
Este texto
está dedicado a Michael, de hecho.
Te quiero,
Michael.
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