lunes, 13 de marzo de 2023

Exorcismos

 

Hay películas que no deberían tener imitaciones porque son como un yunque de talento y maestría. Vos agarrás y hacés “El exorcista” y después, cualquier película en la que haya un exorcismo es una basura innecesaria. Después de “El exorcista”, el Diablo siempre se metió en el cuerpo de chicas adolescentes blancas y delgadas. Una onda Berlusconi, algo así.
Supongo que una mina que grita y se contorsiona en una cama es más redituable porque el horror y la sensualidad son dos atributos del Diablo. Aunque sabemos que el tipo se puede meter en cualquier cosa animada pero elige siempre pendejas atractivas.
Durante unos meses yo sospeché que unos vecinos míos practicaban exorcismos porque todas las noches escuchaba gritos y risas raras, loco. Mal. Pero después caí en la cuenta de que los opas fumaban un prensado feo y se empezaban a reír como estúpidos y a gritar incoherencias. Todo mientras, seguramente, miraban, doblada al castellano, alguna de American Pie, o algo de eso.
A veces tengo ganas de que me inviten a un exorcismo pero también pienso un poco la situación y si llego a ver a una persona totalmente enajenada en una cama medio que me van a dar ganas de decirle: “Calmate un toque, estás haciendo un papelón”. Porque yo no soy de tener mucha empatía y a mí no me importa si tenés un demonio; por eso yo no puedo ser acompañante terapéutico o trabajar en un geriátrico.
Si yo fuera el Diablo (tengo que aclarar las cosas porque nunca se sabe con cierta gente…) me metería en el cuerpo de alguien poderoso par a que hiciera algunas cosas en mi propio beneficio. Me haría garpar una casa con fondo y pileta, una sala de cine privada y… algo más. No es que yo tenga grandes pretensiones en la vida. Mi idea de la vida es poder rascarme la ingle mientras leo un libro o escucho a Chet Baker y que al mundo lo salven los otros.
Pero vos ves que el Diablo, o algún demonio subalterno, siempre  está metido con chicas que lo único que aspiran (además de falopa) es a cogerse al popular, ir a fiestas y navegar las tambaleantes aguas de la hipocresía social.
En fin.

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