Exorcismos
Hay películas que no
deberían tener imitaciones porque son como un yunque de talento y maestría. Vos
agarrás y hacés “El exorcista” y después, cualquier película en la que haya un
exorcismo es una basura innecesaria. Después de “El exorcista”, el Diablo
siempre se metió en el cuerpo de chicas adolescentes blancas y delgadas. Una
onda Berlusconi, algo así.
Supongo que una mina que
grita y se contorsiona en una cama es más redituable porque el horror y la
sensualidad son dos atributos del Diablo. Aunque sabemos que el tipo se puede
meter en cualquier cosa animada pero elige siempre pendejas atractivas.
Durante unos meses yo
sospeché que unos vecinos míos practicaban exorcismos porque todas las noches
escuchaba gritos y risas raras, loco. Mal. Pero después caí en la cuenta de que
los opas fumaban un prensado feo y se empezaban a reír como estúpidos y a
gritar incoherencias. Todo mientras, seguramente, miraban, doblada al castellano,
alguna de American Pie, o algo de eso.
A veces tengo ganas de que
me inviten a un exorcismo pero también pienso un poco la situación y si llego a
ver a una persona totalmente enajenada en una cama medio que me van a dar ganas
de decirle: “Calmate un toque, estás haciendo un papelón”. Porque yo no soy de
tener mucha empatía y a mí no me importa si tenés un demonio; por eso yo no
puedo ser acompañante terapéutico o trabajar en un geriátrico.
Si yo fuera el Diablo (tengo
que aclarar las cosas porque nunca se sabe con cierta gente…) me metería en el
cuerpo de alguien poderoso par a que hiciera algunas cosas en mi propio
beneficio. Me haría garpar una casa con fondo y pileta, una sala de cine
privada y… algo más. No es que yo tenga grandes pretensiones en la vida. Mi
idea de la vida es poder rascarme la ingle mientras leo un libro o escucho a
Chet Baker y que al mundo lo salven los otros.
Pero vos ves que el Diablo,
o algún demonio subalterno, siempre está
metido con chicas que lo único que aspiran (además de falopa) es a cogerse al
popular, ir a fiestas y navegar las tambaleantes aguas de la hipocresía social.
En fin.
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