viernes, 2 de febrero de 2024

Choripanes y mititei

 

Visto desde muchos ángulos, este país se está yendo al carajo, claro que lo más acuciante es el factor económico pero las demás aristas de esta geometría compleja que es Argentina también están siendo limadas. Víctor Hugo dice: “La geometría induce a error, solo es cierto el huracán”, pero Paul Rand dice: “No podés criticar a la geometría, nunca está equivocada”.
¿Estamos en medio de un huracán? ¿Estamos en medio de un huracán acertado o errado? Acertado o errado, todo huracán hace estragos.
Pero yo no vengo a hablar de política ni de economía ni nada porque no es mi jurisdicción. Es más, lo que dije anteriormente es una obviedad adornada con dos citas para que quede más canchera. Es lo que hacen varios en las redes sociales que dicen: “Che, qué complicado que es vivir si estás por debajo de la línea de pobreza” y después agregan: “Como dijo Horkheimer…”. Y después están los otros que les aplauden cualquier cosa.
Bueno, no. Yo no vengo a eso pero introduje mi observación acerca del estado del país para decirles que deberíamos organizar un Festival Dadaísta.
¿Por qué un festival?
Creo que, ante la situación que estamos viviendo, no tenemos que perder la facultad de juntarnos y festejar.
¿Por qué dadaísta?
Porque, ante la situación que estamos viviendo, ser un poco irracionales no estaría nada mal.
Propongo que el encuentro sea realizado en algún autódromo, dada la afluencia de personas que, presumiblemente, podemos esperar tratándose de un festival de este tipo.
Gente de todos los puntos del país convergería en este lugar que todavía no sé cuál podría ser, pero sería algo descomunal. ¿Fueron a un recital del Indio Solari? Bueno, yo digo que esto sería el doble.
Hileras de colectivos, autos, gente vendiendo choripanes y mititei, habrá puestos sanitarios, por supuesto. En fin. Una cosa bien armada y bien pensada porque la irracionalidad necesita estar organizada.
Obvio que va a haber un poco de descontrol o bastante descontrol. La línea de fanáticas de Juliette Roche (“las rochies” como se hacen llamar) podrían enfrentarse a las fanáticas de Hannah Höch y podrían agarrarse de los pelos. O podría pasar que, al grito de “Buscamos la esencia central” un enajenado con la remera de Tzara, subido a una torre de sonido, salte hacia la multitud, que la multitud se abra y que el muchacho caiga con todo su peso, se abra el cráneo en dos, le salga masa encefálica de la cabeza y que todos aplaudan esto al grito de: “¡Dadá no existe para nadie!”
Podría suceder que aparezca una facción enardecida al grito de “Y ya lo ve, y ya lo ve, esta es la hinchada de Max Ernst”.
Otra canción, de otra barra podría ser: “Carl Buchheister, la concha de tu madre a ver si ponés huevos, no seas como Heartfield”.
Con un megáfono, un muchacho con la cara de Federico Peralta Ramos podría recitar: “No quiero ir a la luna, a mí me gusta acá, a mí me gusta acá, a mí me gusta acá”. Y todos se emocionarían ante el recuerdo del gran exponente del dadaísmo argentino. Y alguien gritaría: “¿Qué somos?” y el resto le contestaría: “¡Un pedazo de atmósfera!” “¿QUÉ SOMOS?” “¡UN PEDAZO DE ATMÓSFERA!”
Después de muchos años, un niño le podría decir a su madre: “Mamá, decime la verdad: ¿yo fui buscado?” A lo que la madre le podría responder: “Mirá, Walter,” (porque el hijo se llamaría Walter por Walter Serner) “tu padre y yo pegamos onda en un festival dadaísta así que fue todo muy confuso. No sé, loco…”.

 

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