Choripanes y mititei
Visto desde muchos ángulos,
este país se está yendo al carajo, claro que lo más acuciante es el factor
económico pero las demás aristas de esta geometría compleja que es Argentina también están siendo limadas. Víctor Hugo dice: “La geometría induce a error,
solo es cierto el huracán”, pero Paul Rand dice: “No podés criticar a la
geometría, nunca está equivocada”.
¿Estamos en medio de un
huracán? ¿Estamos en medio de un huracán acertado o errado? Acertado o errado,
todo huracán hace estragos.
Pero yo no vengo a hablar de
política ni de economía ni nada porque no es mi jurisdicción. Es más, lo que
dije anteriormente es una obviedad adornada con dos citas para que quede más
canchera. Es lo que hacen varios en las redes sociales que dicen: “Che, qué
complicado que es vivir si estás por debajo de la línea de pobreza” y después
agregan: “Como dijo Horkheimer…”. Y después están los otros que les aplauden cualquier
cosa.
Bueno, no. Yo no vengo a eso
pero introduje mi observación acerca del estado del país para decirles que deberíamos
organizar un Festival Dadaísta.
¿Por qué un festival?
Creo que, ante la situación
que estamos viviendo, no tenemos que perder la facultad de juntarnos y
festejar.
¿Por qué dadaísta?
Porque, ante la situación
que estamos viviendo, ser un poco irracionales no estaría nada mal.
Propongo que el encuentro
sea realizado en algún autódromo, dada la afluencia de personas que,
presumiblemente, podemos esperar tratándose de un festival de este tipo.
Gente de todos los puntos
del país convergería en este lugar que todavía no sé cuál podría ser, pero
sería algo descomunal. ¿Fueron a un recital del Indio Solari? Bueno, yo digo
que esto sería el doble.
Hileras de colectivos,
autos, gente vendiendo choripanes y mititei, habrá puestos sanitarios, por
supuesto. En fin. Una cosa bien armada y bien pensada porque la irracionalidad
necesita estar organizada.
Obvio que va a haber un poco
de descontrol o bastante descontrol. La línea de fanáticas de Juliette Roche (“las
rochies” como se hacen llamar) podrían enfrentarse a las fanáticas de Hannah
Höch y podrían agarrarse de los pelos. O podría pasar que, al grito de “Buscamos
la esencia central” un enajenado con la remera de Tzara, subido a una torre de
sonido, salte hacia la multitud, que la multitud se abra y que el muchacho
caiga con todo su peso, se abra el cráneo en dos, le salga masa encefálica de
la cabeza y que todos aplaudan esto al grito de: “¡Dadá no existe para nadie!”
Podría suceder que aparezca
una facción enardecida al grito de “Y ya lo ve, y ya lo ve, esta es la hinchada
de Max Ernst”.
Otra canción, de otra barra
podría ser: “Carl Buchheister, la concha de tu madre a ver si ponés huevos, no
seas como Heartfield”.
Con un megáfono, un muchacho
con la cara de Federico Peralta Ramos podría recitar: “No quiero ir a la luna,
a mí me gusta acá, a mí me gusta acá, a mí me gusta acá”. Y todos se
emocionarían ante el recuerdo del gran exponente del dadaísmo argentino. Y
alguien gritaría: “¿Qué somos?” y el resto le contestaría: “¡Un pedazo de
atmósfera!” “¿QUÉ SOMOS?” “¡UN PEDAZO DE ATMÓSFERA!”
Después de muchos años, un
niño le podría decir a su madre: “Mamá, decime la verdad: ¿yo fui buscado?” A
lo que la madre le podría responder: “Mirá, Walter,” (porque el hijo se llamaría
Walter por Walter Serner) “tu padre y yo pegamos onda en un festival dadaísta
así que fue todo muy confuso. No sé, loco…”.
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