miércoles, 29 de mayo de 2024

Tommy Ingarella

 

Nunca me voy a olvidar de Tommy Ingarella, pobrecito… Era un pibe que siempre aparecía en skate por la vereda del colegio porque a esa hora en que salía yo del turno tarde, Tommy pasaba para lo de una novia que tenía. Yo tenía nueve años y lo miraba fascinado porque quería tener mi propio skate y hacer las cosas que él hacía.
Con mis compañeros de la escuela siempre le festejábamos las cosas que hacía, pero él nunca se detuvo a saludarnos ni nada. Solamente sabíamos que se llamaba Tommy porque un día le preguntamos a los gritos su nombre y nos respondió: “¡Tommy Ingarella!” y ese era el nombre de quien fue uno de los héroes de mi infancia.
En ese entonces, Tommy tenía alrededor de 20 años y, además de su skate, siempre tenía una mochila de Rancid. Además, tenía el pelo largo y muchos aros. Esa era mi idea de la libertad cuando tenía nueve años.
Un día no lo vimos pasar por la calle de la escuela y al otro día tampoco lo vimos… Nos vinimos a enterar de que el patovica de un bar le había dado una paliza espantosa porque Tommy quería entrar con su skate y no estaba permitido.
Esa paliza no lo mató, pero no quedó bien. Tommy no fue el mismo después de esos golpes. Algo hizo cortocircuito ahí adentro… Después lo veíamos pasar por la escuela y ya no iba en skate sino que caminaba arrastrando los pies y haciendo contacto entre sus índices. Algunos hasta se burlaban, pero yo veía que ya nada iba a ser como antes.
Por supuesto: Tommy empezó a tener algunos delirios y los padres empezaron a tener algunos recaudos con él porque se estaba volviendo peligroso para él mismo y para el resto de las personas. Y ahí fue que empezó el torbellino de psiquiatras y pastillas que terminó por destrozar lo poco que quedaba de esa bella alma.
Lo único constante en Tommy era la música. NoFX, Bad Religion, The Distillers, No Use for a Name, Los Baraja, Fun People, Loquero, pero, sobre todo, Rancid. En su pieza, con un aerosol rojo había escrito: “They watch you break the nose out of respect… You broke the nose that is correct” Que pertenece a la canción “Cash, Culture and Violence” del disco “Life Won’t Wait” de Rancid que sonaba a todo volumen.
Aquella tarde de 2002, la música estuvo al máximo. Terminaba un disco y Tommy ponía otro. Y cantaba a los gritos en un inglés rústico que había aprendido más por fonética que otra cosa. En un momento dejó de sonar la música…
Tommy jugaba en su cuarto a que era el cantante de una banda de punk. Agarraba un desodorante y lo usaba de micrófono, incluso había estado escribiendo algunas canciones, casi todas incoherentes, pero entre todo ese hormiguero de ideas había cosas interesantes. “Ningún aparato me va a decir que el amor es una mentira” había escrito en un pedazo de papel.
Tommy murió después de saltar desde su cama, como si fuera un escenario y chocar con su pecho contra la punta de la mesa que estaba en su cuarto. Se le hundió el esternón y eso lo mató. Tenía, ahora sí sé cuántos tenía, 21 años.

 

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