Aplausos
Haré instalar, en la entrada
de mi casa, un sensor de movimientos que dispara una grabación de aplausos.
Cuando yo entre, el aparato este se activará y seré recibido por una salva de
aplausos que yo estoy seguro de merecer. No voy a ir por la vida obligando
a los demás a que me aplaudan porque no soy un dictador, pero sé que merezco
muchos honores.
Ahora bien, el sensor de
movimientos estará siempre en funcionamiento así que, si llega, no sé, pongamos
por caso, un primo segundo o si entran a robar a casa… Y por ahí mi primo
segundo o el ladrón pueden pensar que en mi casa serán bien recibidos y nada que
ver.
Pero yo lo voy a tener
siempre encendido aunque, si vamos a ser honestos, ¿cuánto tiempo podré
aguantar la jodita esta de los aplausos? ¿Dos semanas, tres? Después de ese
tiempo, ya me voy a empezar a fastidiar un poco y, al final, voy a terminar
sacando el artefacto. Sobre todo porque, a ver, yo estoy bastante loco como
para ponerlo en mi casa, pero no tan loco como para subirme al viaje completo
de la vanidad.
Quiero decir que soy
vanidoso, sí, pero un poco. No soy como esos que todo el tiempo… Esos que hacen
fotosíntesis de elogio. Si no les dicen algo agradable, se mueren. Yo soy
vanidoso pero de mí, porque me conozco re bien y sé hasta qué punto elogiarme y
en qué punto decirme: “Podrías mejorar en esto”, porque tengo autocrítica yo.
Por ejemplo, podría mejorar en que, muchas veces, no me valoro lo suficiente. Y quién mejor que yo para hacerme esas observaciones si estoy siempre conmigo. Incluso, cuando me hago la paja.
En fin. Conozco gente que puede
hacerme el trabajito ese. Los aplausos quiero que sean fuertes. Bajaré algún
audio. Ya veré.
Pero, guarda, ¿quién les
dice que no me termina de consumir la locura y, además, del coso de aplausos
pongo uno que sea de chicas que gritan? Es más, hasta podría pagarles a unas
chicas que griten “¡Cacho, te amo!” y
que griten: “¡Cacho, haceme tuya!” totalmente descontroladas. Y meto a un
par de chabones que griten: “Capo, Cacho”. “Genio, maestro y figura”.
Bah, no sé… Por ahí no hago nada y, qué sé yo… A
mi perro le caigo bien. En fin.
Coso.
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