Como monos con rabia
Cuatro de la madrugada en un departamento de dos ambientes. Hay un perro
mestizo, seguramente adoptado de la calle, que duerme en el suelo porque hace
calor y la temperatura de las baldosas es más cómoda que la del catre que fue
comprado para el animal.
También, en el suelo, hay algunas migas de Doritos y la oscuridad es casi
total porque la televisión está encendida. Y uno podría pensar que quedó así
porque se olvidaron de apagarla o que quedó encendida porque se la dejaron al
perro para que estuviera tranquilo, pero no.
Ahora podemos ver a un hombre de 37 años que vive con su pareja con quien
se casó hace seis años porque ella había quedado embarazada. Viven ellos dos y
el perro. Alquilan. Ella trabaja en una tienda de productos para mascotas y él
es analista de sistemas.
Ahora podríamos pensar que el muchacho se quedó despierto mirando una
serie. Sin embargo, cuando vemos la
pantalla del televisor, la imagen no es la que esperamos porque aparece ante
nosotros un videojuego. Estamos ante
Inscryption. Ahí están Leshy, Grimora y los otros.
Ahora podemos escuchar pasos que vienen de la habitación. Los pasos se
escuchan cansados y suaves porque la pareja del hombre de 37 años se levantó,
se puso las pantuflas y viene caminando hacia el living.
Prende la luz y parpadea muchas veces porque no se había preparado para
el impacto luminoso. Está, por supuesto,
despeinada y con cara de dormida. Es natural. Se rasca la cabeza.
-¿Seguís con ese jueguito?
-No es un “jueguito”, Luciana.
Ella repite lo que dijo el hombre, pero altera las vocales para que
suene al enunciado de una persona con problemas mentales.
-¿Por qué no seguís durmiendo?
-Vine a darle el remedio al Pancho. ¿Te acordás de que tiene que tomar
el remedio cada ocho horas?
-Ya se lo iba a dar yo.
-Claro. Seguro que sí.
-Dios…
-¿Qué? ¿No se lo ibas a dar?
-Se lo iba a dar.
-Como digas. Me tenés un poco harta con ese juego. Vos antes no eras
así. Extraño un poco tu vieja versión. O la versión anterior a este juego.
-Sigo siendo el mismo de siempre, amor.
-No. Antes no hubieras pasado horas y horas con esto. Está bien un rato,
no tengo nada contra el juego en sí más allá de que, por lo poco que he visto,
parece una cosa para niños. Todo bien, pero te tiene re enganchado.
-¿Enganchado? Lo puedo dejar cuando quiera.
-Ayer te pedí que sacaras la basura antes de irme a trabajar y vos estabas
jugando. A la basura la saqué yo cuando volví de trabajar. Ni me escuchaste.
-Ah. Bueno, una vez…
-No. No.
-Bueno, diez minutos más y voy a la cama.
-Preferiría que duermas acá porque yo ya me voy a acostar de nuevo y me
vas a despertar.
-Bueno. Pero al menos tráeme una almohada.
-Sí. Está bien. Y después tenés que sacarlo al Pancho para que haga
caca. ¿Vas a sacarlo?
-Sí.
-No me digas que lo vas a sacar si te vas a colgar. Si no querés
hacerlo, decime y yo me pongo la alarma para dentro de cuatro horas.
-¿Nunca pensaste que este perro estaba mejor en la calle? Su cama y su
casa eran el mundo…
-Tal vez. Pero pensé que estábamos de acuerdo en adoptarlo. ¿Ahora me
venís con ese planteo? ¿Es porque no querés hacerte cargo de nada? ¿Hubieras
sido igual si, al final, eras padre?
-No es lo mismo.
-No tenemos forma de saberlo.
-No. Supongo que no.
-Cuando vuelvas a ser la persona que eras antes, avisame. Extraño que
hagamos cosas juntos. ¿Cuándo fue la última vez que tomamos merca juntos y
cogimos como monos con rabia? ¿Cuándo fue la última vez que vimos juntos una
película? ¿Cuándo fue la última vez que salimos a tomar algo y yo me hice la
que estaba convulsionando para que nos fuéramos sin pagar? ¿Cuándo fue la
última vez que caminamos de la mano por la calle y vos fingías que te tropezabas
para empujar a un nene y que se le cayera el helado en la remera? Extraño lo
que éramos antes.
-Mi amor, sigo siendo el mismo de siempre. Mañana vamos a algún bar a
escuchar algo de música. Tomar algo. Mañana no voy a jugar a esto.
-¿Toca alguna banda que conozcas?
-No. Me tengo que fijar. Siempre hay alguna banda en algún bar.
-Bueno. Vamos… ¿Entonces al Pancho lo sacás vos o lo saco yo?
-Yo lo saco.
-Bueno. Voy a dormir. Me tengo que levantar a las ocho y media.
-Dale. Descansá.
Ahora podemos ver cómo el sol está clareando cada vez más el
departamento. La partida de Inscryption sigue. El perro no salió a cagar y ya
está levantado.
El hombre de 37 años no entiende por qué el perro gime y lo mira fijo.
Lo acaricia y le dice que ahora no lo moleste.
Dentro de media hora, su pareja se va a levantar y va a encontrar caca
en el pasillo que comunica el living con la habitación.
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