jueves, 19 de junio de 2014

Runaway in Durango






















En un motel en Durango, Victoria Express, donde una paraguaya baldeaba pasillos, en la room number five, me encontraba yo apoltronado en la cama. Mirando el vaivén del ventilador que seguro se me venía encima.
                Tenía un mazo de cartas y una galera. El Colt, lustradito y todo, guardado en el bolso. El bolso: de viaje furtivo.
                Mucho lobo mexicano, en Durango.
                Dije: “Vamos a ver el Kicham”. Andaba en una camioneta destartalada pero eficiente. Así que salí del motel. En la puerta del Victoria estaba Zunilda, la paraguaya.
                Me subí a la camioneta y puse a sonar la radio “La Tremenda”, 96.5.
                Pronto tuve ganas de tomar una cerveza y, si era posible, de ligar. Encontré un bar: Tabira Etxea, no muy estético, pero familiar, tranquilo. También se servía comida: probé algo que es más fácil escribir que pronunciar: txitxarro al horno. (También se puede decir chicharro), se trata de un pescado.
                Después me explicaron que la “te equis” se pronuncia “ce hache”. En fin.
                Entre el barcete y elegí una mesa apartada, junto a una pared de ladrillos en la que había muchos cuadros de hombres barbudos.
                Se me acercó una muchachita rubia, tetona, carita de petera: Hooter’s Girl.
                Ella me atendió mientras estuve en el Tabira, después tuvimos sexo en mi camioneta, estacionada atrás del bar.
                Realmente no recuerdo el nombre de la rubia.
                Después del coito me fui a ver el Kicham. Que es una palabra de origen tepehuán, que significa “pueblo”.
                Llegué al Ricardo Castro y vi un espectáculo maravilloso.
                Cada año el Kicham se renueva. Algo así como los carnavales.
                Cada año se muestra una parte distinta de la historia de Durango.
                Aprendí algunas cosas, estando fugitivo en Durango.
               
               

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