martes, 24 de febrero de 2015

Frank en el muelle...

Limpia la sangre, hermano. Lleva la luz de Cristo y limpia la sangre, del machete, hermano.
Limpia la sangre, hermano.
Tira esa masa inerte al río y lávate las manos. Lleva la luz de Cristo. Lleva el machete, hermano.
Persígnate y encomienda tu alma a Dios. Limpia la sangre del machete, hermano.
En el muelle una pareja se besa en la niebla. Allí, no tan lejos, las luces mortecinas, el pasar de un barco merlucero. Lleva la luz de Cristo, hermano.
Una, dos, tres, mil chicharras cantan. Tu conciencia canta. Mas tú limpia la sangre, hermano. Lleva la luz de Cristo. Limpia la sangre del machete.
Sigue caminando. Caminando.
La pareja se besa en la niebla. Pasa el barco merlucero. Cantan las chicharras.
Cristo te ama, hermano.
Lleva la luz de Cristo. Lleva el machete. El machete limpio. Tus manos limpias.
Sigue caminando. No mires hacia atrás. Cristo te acompaña…
Frank seguía pensando en estas cosas cuando dejaba el muelle aquella madrugada de 1971 luego de cortar la cabeza del marinero que violó a su hermana.
Al llegar a su casa, se pegó un tiro.


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