miércoles, 29 de abril de 2015

Picadillo.

-El hijo de puta, que galponeaba corazones tontos, y tomatero de aquellos (Picadillo le decían) había estado encanado por cuatro años. Pero salió porque la hizo bien. Sí, parece que hizo reventar una burra y lo abanicaron. Mal. Después se enrollo con una mina que se cansó de todo y lo galleteó. Escuchá, el loco quedó re mal. Y ahí es que se vino a pique. Pero mal.
Vos lo veías después, o sea, antes de caer en cana otra vez, y era un lamento. Olor a garnacha. Fritanga de verano. Se puso gordo, pendenciero. Y fue en esos días que lo conoció a Fabián, al loco. Le decían loco pero no es que tuviera algún problema del balero. Y con este Fabián fue que empezaron a robar autos.
Ellos dos robaban pero la que manejaba todo era la Benemérita. Que era peor. Mirá, la tipa, dicen, se despachó a cuatro monos. Ella sola.
Y la onda es que les iba bien con el negocio este. Se pusieron un desarmadero en no sé dónde. Vendían bien. Yo conocí un tipo que les compró algo. Saber ese dato me hacía sentir un poco cómplice. Pero qué va a ser.
El gordo seguía siendo un desastre. Borracho. Tenía los radiadores a la miseria. Te carraspeaba todo el tiempo. Y el otro forro, que era más vivo, se aprovechaba del Picadillo. Claro, porque estaba re bajón el otro y hacía todo lo que le decían. Un tema de autoestima. Y fue por eso que pasó lo que pasó. Pero yo creo que uno se busca su destino. Bah, qué sé yo. El tipo antes era un forro que se la pasaba boludeando minas. Cuando una lo dejó a él…
La cuestión es que después el Fabián empezó a hacerse el ruso. Digo, a hacerse el boludo. No le pagaba su parte al otro. Te hago un paréntesis: nunca supe cómo se llamaba. Yo lo conocí por su apodo, Picadillo.
Bueno, como te decía… Pero el loco ni se quejaba. Era como que no se hacía valer. El tipo obedecía. Si el otro con la tipa se le cagaban de risa. Eso es seguro.
La noche en que se desmadró todo, Picadillo iba a robar un auto de esos caros, de alta gama. Iba todo bien pero cuando puso las manos en el auto se apareció toda la cana junta. Era obvio que lo habían vendido.
Cuando lo llevaron a la comisaría lo interrogó el oficial Recalvastro. Yo lo conozco. Tipo serio. Buena gente.
El tipo ni se defendió. Asumió todo. No culpó a nadie.
Bueno, vos ya sabés que se colgó en la celda. Hizo unos jirones con la sábana y otras cosas. Viste que te sacan el cinturón  y los cordones.
Antes de creparse le escribió una carta a una tal Matilda. La mina que lo había dejado.

-Qué loco…

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