Mi plan es entrenar cucarachas para hacerlas correr carreras.
Conocer el circuito. Apuestas. Adornar jueces.
El nuevo negocio está en las cucarachas. Sobrevivieron en
Hiroshima, sobreviven en Mc Donald’s. La cucaracha voladora interpela al macho
de clase media, pone en “tela de juicio” (me gusta esa expresión de mierda) su
masculinidad.
Whatever… estoy
juntando tantas cucarachas como pueda. Muchas. En frascos.
¿Y si descendemos de las cucarachas? ¿Si ellas siempre
estuvieron detrás de todo, moviendo los hilos? Tal vez somos otra estirpe de
rancias cucarachas. Esta es la Edad de las Cucarachas.
Somos cucarachas. Como tales, cosmopolitas. No hay nada más
asqueroso que el ser cosmopolita, infectando todo cuanto puede. Somos cucarachas. Todoterreno. Y estamos
atorados de hidratos de carbono.
Somos cucarachas. Con nocturnidad y alevosía.
La cucaracha rinoceronte ya se subasta en la web japonesa.
Como decía: sobrevivieron en Hiroshima.
Somos cucarachas. Algunos, sin cabeza.
Somos cucarachas. En animación suspendida. Estamos esperando
una señal para salir de los sumideros y arrasar con todo.

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