martes, 7 de julio de 2015

La pecera

Hace seis meses interrumpí “Noches de cocaína” de Ballard.
¿Qué piensa la gente al comprarse un pescado de mascota? Es algo ridículo. El pez es un animal carente de toda emotividad; una cobra tiene más afecto al clavarte los colmillos en la mano. Pero un pez… nadando en un bowl de cristal… Lo que está bueno es ver a través de la pecera, ver cómo se deforma todo. Hay que ponerle tintas a la pecera.
¿Cómo te das cuenta cuando el pescado está dormido? Me gusta la expresión “cara de pescado sorprendido”.
¿Qué pasa por la mente del punto que dice “estoy bien conmigo mismo”? ¿Quién se cree que es? Sólo un empleado de Garbarino puede decir “estoy bien conmigo mismo”. Y al rato le explica a una señora cómo funciona la licuadora.
Bueno, ese empleado de Garbarino, que vive solo desde hace año y medio, se compró un pescado. Cuando lleva alguna chica a su departamento le dice: “Mirá, se llama Naranjín”. Porque el pescado se llama Naranjín. De todas formas sabe que después de esa noche a la mina no la ve nunca más.
El empleado de Garbarino está un poco podrido de que en el laburo lo relajen porque se está quedando pelado, sin embargo insiste con el “estoy bien conmigo mismo”. Aunque ya empieza a desconfiar de eso.  Y el pescado, cree él, lo mira con piedad. El pescado, en realidad, ni pelota.
El viernes a la noche el empleado de Garbarino va hasta el videoclub (sí) y alquila una de Rambo. Pone la película y destapa una lata de Bud. Prende un cigarrillo. Tira las cenizas en la pecera. Agarra el revólver y se vuela el balero.
El pescado queda nadando en el agua turbia. La lente filma a través de la pecera.
Créditos.


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