sábado, 28 de noviembre de 2015

Caminar

¿Qué tal?
Resulta que sale a comprar queso rallado para los ñoquis.
Ve a la vecinita lavando el auto.
Agua.
Jabón.
Remera.
Blanca.
Va a comprar queso rallado y tiene el cuello rojo.
Lo compra rallado para no rallarlo.
Otario.
Se cruza con el del Ford.
Gordo.
Bigotes.
Camisa.
Abierta.
Ombligo.
Expulsado.
Se cruza con la vieja del pekinés.
Ruleros.
Rouge.
Arrugas.
Espectro.
Al queso rallado lo prefiere bien finito. Pulverizado. No de la otra forma que parecen hebras de queso.
¿Por qué no los mata a todos? Mejor dicho: ¿Por qué no los mata a todos menos a su vecinita y se la coge arriba del auto? Quizás la mate también. Después. Pero ahora tiene que comprar el queso rallado.
Se cruza con un tipo que come una mandarina.
Gajos.
Cáscara.
Semillas.
Olor.
A.
Mandarina.
La mandarina tira olor a mandarina y todo así. Uno lo siente.
Hacer puntería con las semillas. Tenés que poner la semilla sobre la punta de la lengua. Soplar con fuerza. Tirar con rapidez la lengua para atrás. Sale la semilla.
El tipo sigue caminando. Se ve que la despensa queda lejos.
¿Es lo mismo despensa que almacén?
Se cruza con la piba que toca la guitarra en el coro de la iglesia.
Católica.
¿Católica?
La conoció una vez que fue al bautismo de un sobrino. No es que sea de ir a misa. Es decir.
¿Y si quiere ir? ¿Qué?
Nadie dice nada.
El sol pega fuerte. Calor furioso.
Se cruza con el perro marrón que tiene un ojo rojo.
Pobre.
Picho.
Tuerto.
¿Lo juntará alguna vez?
El tipo es una flecha de Zenón. No va a llegar nunca más.
La pasta se enfría.

Que lo parió.

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