Una señora me contó hace
mucho, yo era un pibe, habré tenido ¿qué? Siete años, ponele. Ponele. Me contó
que “el Turco” (decía Turco para no decir el apellido) había hecho un pacto
satánico con Nerón. Sí, muy raro todo. Y eso no fue lo más pirado que me contó.
A esta señora se le notaban
mucho los nudillos y tenía las manos venosas. Violetas. Tenía una mirada fuerte
la vieja. A veces los ojos se le fulanizaban y entonces no sabías con quién
estabas hablando. Y ahí es que empezaba con sus historias.
Bueno, la historia del pacto
satánico entre “el Turco” y Nerón tuvo lugar (no sé si me dijo o lo estoy
inventando yo ahora; mi memoria es falible) en una quinta ubicada en Pergamino.
Nunca me dijo de quién era esa quinta y por qué fue ahí. Pergamino. En fin. Me
contó que además estaban dos empresarios, no me dijo de qué. Y que había un par
de prostitutas pero que no les pagaron para tener sexo sino para degollar un
chancho. Eso del chancho ya me pareció una exageración de la señora pero bueno.
A todo esto la señora había
hecho una pausa para prender un cigarrillo. Con boquilla fumaba. Yo había
empezado a comer un alfajor y me dijo que no hiciera migas. Entonces puse la
otra mano debajo de la boca así iban cayendo las migas ahí.
Sí, lo del chancho
degollado. ¿Vos te asustás cuando tu papá mata un chancho?
Parece que hubo como un
ritual de magia negra o una cosa por el estilo y se comunicaron con el espíritu
de Nerón. Decía la señora que se apareció un fantasma y todo, que se parecía a
Nerón. Que tenía una lira en la mano. Yo recordaba haber visto una foto de
Nerón en alguna enciclopedia y no me parecía peligroso. Tenía pinta de gordito
que se pajea consuetudinariamente. La palabra “consuetudinariamente” la aprendí
de grande, a los siete no la conocía.
Bueno, el pacto fue con
Nerón. Pero nunca me dijo lo que pactaron.
Después al chancho se lo
comieron.
Lo asó un gordo que habían
llevado para que lo cocine. Pero parece que también se estaba, uso la palabra
que usó la señora, empernando a uno de los empresarios. “Trinquete” le decían.
Yo después entendí que eso se llamaba homosexualidad.
Estaba entretenida la
historia de la señora. Sí, era un poco desgraciada pero todo un florilegio. Ah,
sí.
Al cigarrillo ya lo había
terminado hacía rato.
Sí, fue en Pergamino. Ahora
me acordé.
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