domingo, 29 de noviembre de 2015

El Turco y Nerón

Una señora me contó hace mucho, yo era un pibe, habré tenido ¿qué? Siete años, ponele. Ponele. Me contó que “el Turco” (decía Turco para no decir el apellido) había hecho un pacto satánico con Nerón. Sí, muy raro todo. Y eso no fue lo más pirado que me contó.
A esta señora se le notaban mucho los nudillos y tenía las manos venosas. Violetas. Tenía una mirada fuerte la vieja. A veces los ojos se le fulanizaban y entonces no sabías con quién estabas hablando. Y ahí es que empezaba con sus historias.
Bueno, la historia del pacto satánico entre “el Turco” y Nerón tuvo lugar (no sé si me dijo o lo estoy inventando yo ahora; mi memoria es falible) en una quinta ubicada en Pergamino. Nunca me dijo de quién era esa quinta y por qué fue ahí. Pergamino. En fin. Me contó que además estaban dos empresarios, no me dijo de qué. Y que había un par de prostitutas pero que no les pagaron para tener sexo sino para degollar un chancho. Eso del chancho ya me pareció una exageración de la señora pero bueno.
A todo esto la señora había hecho una pausa para prender un cigarrillo. Con boquilla fumaba. Yo había empezado a comer un alfajor y me dijo que no hiciera migas. Entonces puse la otra mano debajo de la boca así iban cayendo las migas ahí.
Sí, lo del chancho degollado. ¿Vos te asustás cuando tu papá mata un chancho?
Parece que hubo como un ritual de magia negra o una cosa por el estilo y se comunicaron con el espíritu de Nerón. Decía la señora que se apareció un fantasma y todo, que se parecía a Nerón. Que tenía una lira en la mano. Yo recordaba haber visto una foto de Nerón en alguna enciclopedia y no me parecía peligroso. Tenía pinta de gordito que se pajea consuetudinariamente. La palabra “consuetudinariamente” la aprendí de grande, a los siete no la conocía.
Bueno, el pacto fue con Nerón. Pero nunca me dijo lo que pactaron.
Después al chancho se lo comieron.
Lo asó un gordo que habían llevado para que lo cocine. Pero parece que también se estaba, uso la palabra que usó la señora, empernando a uno de los empresarios. “Trinquete” le decían. Yo después entendí que eso se llamaba homosexualidad.
Estaba entretenida la historia de la señora. Sí, era un poco desgraciada pero todo un florilegio. Ah, sí.
Al cigarrillo ya lo había terminado hacía rato.

Sí, fue en Pergamino. Ahora me acordé. 

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