jueves, 31 de diciembre de 2015

Taxi




Te subís al taxi y el tipo te pregunta “¿A dónde te llevo, viejo?”. Listo. Estás en sus manos. Él te va a llevar. Vos ya le diste algo de vos, un dato. ¿Viste la frase “dejate llevar”? Bueno, es una trampa de la naturaleza. ¿Taxista o tachero? Es simpático el tipo. Parece. ¿No?
Tratás de ir viendo el taxímetro. Taximetrero. Porque no querés que te garquen. Pero igual: ¿te vas a bajar si el tipo te empieza a pasear? No. No te vas a bajar. Te vas a adapatar: “capaz que conoce un camino más corto por acá”. No habla mucho. No habla nada. Y eso te asusta. Se supone que los taxistas hablan de todo, todo el tiempo. Tuitean oralmente: dicen giladas con pretensión científica. “Entre hoy y mañana va a llover”. Y recuestan el codo contra la ventanilla.
Pero este no habla y el viaje es largo. Se te hace largo. Te ponés nervioso. Mirás la hora en el celular: ¿hace cuánto subiste al taxi? ¿Diez, quince, cuarenta minutos? Ni siquiera cinco. Imágenes: el taxista frena, baja y te estrangula con el cinturón; el taxista se pega un tiro adelante tuyo; empañás el vidrio para escribir un lamentable S.O.S.
Te hacés imágenes y el tipo no dice ni una palabra. Hasta que, esperando a que cambie el semáforo, se gira un poco y te dice: “¿Te pusiste a pensar que vos y yo estamos acá porque creemos que ninguno de los dos va a matar al otro? Pensalo”.
Y vuelve a manejar en silencio. Afuera pasan autos, motos, gente. ¡Tan felices, con proyectos! Y vos…
Y en otro semáforo: “Igual, ¿miedo a la muerte? Dura un segundo. El tema es todo lo anterior. ¿De qué cuadro sos?”.
Tirás un nervioso “Boca”. Pero te ponés a pensar: “Esperá, ¿yo era de Boca?”.
“Y en un segundo lo podés perder todo. Para siempre. Pensalo”.
Afuera: gente tan feliz. La puta madre qué feliz está esa gente. Y a vos que no te sale decir: “Me bajo acá. Tome, quédese con el cambio”.
Pensás en que si te salvás de esta dejás de fumar, empezás yoga, tomás un curso de alfarería, aprendés a tocar los bongós, lo que puta sea. Pensás tantas cosas.
Pensás que no, que no te vas a salvar. Que te van a encontrar cogido y muerto. “Me van a ver con el orto desflorado y los pantalones por los tobillos pensás”.
Un viaje que se te hace de un año entero.
Y finalmente llegás a dónde dijiste que ibas.
Billetes arrugados.
Pagás con premura. Bajás.

Nadie escucha nada pero a vos te parece que el taxista se va riendo a carcajada limpia y es de noche en la ciudad.

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