Idea: una ancianita teje
pulóveres para sus nietos; con esas mismas agujas, a la noche, apuñala réplicas
de los vecinos que le caen mal. En el barrio se suceden muertes inexplicables.
Los nietos están abrigados.
¿Qué tal un Banco de Sonidos
que opere como uno financiero?
Podés abrirte una cuenta,
llevás un dispositivo con salida USB. Retirás un número limitado de sonidos.
También podés hacer
depósitos. El sonido de la explosión de la bala al salir de la recámara y
entrar al cerebro de tu padre.
Tal vez quieras que lo
escuchen tus hijos. Tal vez a ese sonido quieras usarlo vos como lo usó tu
padre.
Podrías editar toda tu vida
con sonidos seleccionados por vos. ¿La música? Ese es otro precio.
Algo que muchos hemos
pensado es en la música que queremos que suene en nuestro funeral. ¿Podrían
ustedes elegir diez canciones? ¿Cincuenta? ¿Una sinfonía?
Desafortunado quien muere
sin música en sus oídos.
Estoy seguro de que en mi
funeral sonará Art Tatum.
Los niños juegan a matar con
el sonido cuando dicen “¡Pum!” y apuntan con el dedo índice. El dedo índice es
el que señala y mata. ¡Pum!
La idea de la anciana
asesina se me ocurrió porque recordé el cuento de Lovecraft “El anciano
terrible”. “Little things make considerable excitement in little towns, which
is the reason that Kingsport people talked all that spring and summer about the
three unidentifiable bodies, horribly slashed as with many cutlasses, and
horribly mangled as by the tread of many cruel boot-heels, which the tide
washed in”.
Inspirado en Armin Meiwes,
me gustaría convencer a otra persona para canibalizarla. Luego voy a escribir
la tesis: “Medios de hibridación como nexo entre caníbales y presas”. Porque
voy a hacer todo por internet, claro.
Nada.
Eso.
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