Hay un dulce placer en pasar inadvertido, en no importarle a nadie. Te quita una responsabilidad jodida.
Mis armas para vivir dentro de la indiferencia son el solipsismo y la secreta trascendencia que nadie va a notar pero que yo sé bien, lo supe siempre, ha de ser como el surco de un cometa en la noche.
Mi vida será mi obra.
Mi obra será lo que yo he de dejar en este mundo al que vine para embellecer.
Los demás, ustedes, me importan muy poco.
Ustedes no me conocen y no quiero que me conozcan.
Todo lo que les voy a decir, al final, será "de nada".
Igual, sé, también, y no lo rechazo, que a unas pocas personas les importo; todo bien, pero yo no debería importarles porque estoy cargado de un cinismo tal que se parece a una ola de veinte metros que arrasa con todo. Una ola que llega, imparable, que se ha estado gestando en el corazón del océano de mi alma.
Sí. Soy un tipo elegante en la inmundicia de mi vida.
Me ne frega.
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