viernes, 14 de septiembre de 2018

Patético


A veces creo que solo me gustaría tener un auto para que un pelotudo se siente sobre el capó y decirle: “Salí de mi auto” y que el tipo me desafíe a pelear y empezar una pelea en la que, seguramente, terminaré perdiendo una retina.
Pero no tengo auto, ja. Ni siquiera sé manejar... En serio.
Como sea, ahora estoy escribiendo esto mientras me tomo una lata de Budweiser y como maní y el perro está durmiendo en mi cama... Y no les quiero mentir: no estoy pensando en nada profundo... Quiero decir... Podría, ahora, escribir que detrás, intercalados en estos segundos de tedio y silencio, hay un palimpsesto de reflexiones que yo voy a exhumar para plasmar en este texto. Pero no... A veces la vida es una puta que no te deja una reflexión. Simplemente avanza como una locomotora arrollándolo todo. Y uno se pregunta: “¿Qué carajos aprendí de todo esto?” y la respuesta es que no aprendiste nada, no sirvió de nada.
Así que... Tomo otro sorbo de cerveza y el silencio me permite escuchar el reloj. Qué artefacto siniestro, ¿no?
Escucho la sirena policial, escucho mis dedos golpeando las teclas, escucho mi respiración y... Creo que empecé a escribir para no escuchar el silencio... A veces el silencio me recuerda lo patético que soy y eso no me gusta.
Aunque, viéndolo de otra manera, es preferible que me dé cuenta de lo patético que soy por mi cuenta a que me lo diga otra persona. No me gustaría que alguien que quiero me diga: “Sos patético” porque... Bueno, ustedes saben que eso es una gran mierda.
Sin embargo... Supongo que si alguien me quiere no piensa que soy patético. (Énfasis en “supongo”).
Dentro de un rato voy a salir a fumar... Qué triste, ¿no? Quiero decir: estoy escribiendo mientras tomo cerveza, después voy a fumar... Soy un poco cliché. Si a eso le sumamos que intento hacerme el escritor miserable... El resultado es: soy patético.
¡Pero al menos lo reconozco, hijos de puta! Hijos de puta.
Chau.