Una sola vez en mi vida incorporé
tanto etanol a mi organismo como para perder noción de tiempo y
espacio por media hora... Aprox.
A la mañana siguiente me dolía el
codo derecho así que, supuse, supongo, que me había caído. Pero,
más allá de eso no me pasó nada. Creo.
Es decir, no me desperté con una pija
tatuada en la espalda o aliviado de un riñón... No le mandé
mensajes comprometedores a nadie...
Antes era más bebedor que ahora. Mi
cuerpo resistía más. Ah, los achaques de la vejez.
Creo que nunca hice el ridículo
estando ebrio. Mejor dicho: nunca necesité estar ebrio para hacer el
ridículo. Una de mis consignas (no es que tenga tantas) es no hacer
alcoholizado lo que nunca haría sobrio. Y, de verdad, la he
mantenido siempre. A lo mejor es porque nunca llegué a un nivel de
ebriedad tal que me suprimiera... Pero no. He llegado a niveles
atmosféricos. El tema es que mis quiebres son melancólicos y no
festivos. Me siento y empiezo a filosofar sobre alguna boludez.
Además corro con la ventaja de que
cuando hablo me suelen prestar atención por una cierta aura de
intelectualidad que me atribuye la gente... Y los borrachos filósofos
son un tipo de personaje entrañable... A veces.
A veces me he puesto a hablar con
borrachos de las plazas. Pintorescos. Siempre me acuerdo del “Loco”
Fabián...
Una noche estaba en la plaza con un
amigo; habremos tenido dieciocho años y pintaron las frescas... Un
tipo nos pidió un trago y le convidamos. En ese momento éramos
jóvenes y no nos importaba nada. La cuestión es que el drunk on the
moon me dijo: “Yo siempre te voy a cuidar” y después siguió
caminando.
Y nunca más lo vi hasta que pasaron
varios años... Suele andar por la misma plaza. Pero él no me
recuerda. A veces me pide puchos. De él aprendí a no llevar las
manos en los bolsillos cuando hablo con alguien en la calle porque la
gente delira cualquier cosa y se persigue.
Otro borracho, en una noche de Navidad,
me dijo: “Te quiero mucho”... No podría haberme importarme menos
pero dicen que los borrachos no mienten así que lo habrá dicho con
honestidad. Aunque en ese momento el tipo no supiera ni dónde estaba
parado.
Chau.
Voy a escuchar a Tom Waits.