viernes, 7 de diciembre de 2018

Borrachos


Una sola vez en mi vida incorporé tanto etanol a mi organismo como para perder noción de tiempo y espacio por media hora... Aprox.
A la mañana siguiente me dolía el codo derecho así que, supuse, supongo, que me había caído. Pero, más allá de eso no me pasó nada. Creo.
Es decir, no me desperté con una pija tatuada en la espalda o aliviado de un riñón... No le mandé mensajes comprometedores a nadie...
Antes era más bebedor que ahora. Mi cuerpo resistía más. Ah, los achaques de la vejez.
Creo que nunca hice el ridículo estando ebrio. Mejor dicho: nunca necesité estar ebrio para hacer el ridículo. Una de mis consignas (no es que tenga tantas) es no hacer alcoholizado lo que nunca haría sobrio. Y, de verdad, la he mantenido siempre. A lo mejor es porque nunca llegué a un nivel de ebriedad tal que me suprimiera... Pero no. He llegado a niveles atmosféricos. El tema es que mis quiebres son melancólicos y no festivos. Me siento y empiezo a filosofar sobre alguna boludez.
Además corro con la ventaja de que cuando hablo me suelen prestar atención por una cierta aura de intelectualidad que me atribuye la gente... Y los borrachos filósofos son un tipo de personaje entrañable... A veces.
A veces me he puesto a hablar con borrachos de las plazas. Pintorescos. Siempre me acuerdo del “Loco” Fabián...
Una noche estaba en la plaza con un amigo; habremos tenido dieciocho años y pintaron las frescas... Un tipo nos pidió un trago y le convidamos. En ese momento éramos jóvenes y no nos importaba nada. La cuestión es que el drunk on the moon me dijo: “Yo siempre te voy a cuidar” y después siguió caminando.
Y nunca más lo vi hasta que pasaron varios años... Suele andar por la misma plaza. Pero él no me recuerda. A veces me pide puchos. De él aprendí a no llevar las manos en los bolsillos cuando hablo con alguien en la calle porque la gente delira cualquier cosa y se persigue.
Otro borracho, en una noche de Navidad, me dijo: “Te quiero mucho”... No podría haberme importarme menos pero dicen que los borrachos no mienten así que lo habrá dicho con honestidad. Aunque en ese momento el tipo no supiera ni dónde estaba parado.
Chau.
Voy a escuchar a Tom Waits.