-Tenemos la fiebre de la juventud.- Le
dijo Keith a Maiwen mientras le echaba Pervinox en la rodilla después
de que ella hubo fallado una pirueta con su skate.
-¿La fiebre de la juventud? ¿Qué es
eso?
-El mundo es un lugar muy hostil, vida
mía... El mundo es un lugar frío. Es nuestra locura, nuestra
temperatura y la de otros como nosotros, chicas y chicos que
mantienen el equilibrio... Te lo aseguro, esta noche, sentados debajo
de este monumento, nosotros dos estamos haciendo más por el mundo
que cualquier farmacéutica.
-Eso ya es mucho decir, Keith. No creo
que nosotros...
-No vamos a curar el cáncer, ya lo sé.
Pero nosotros sabemos cosas que los cadáveres ambulantes que son
nuestros padres y todos los ancianos ignoran...
-¿Qué es eso que sabemos y que los
otros ignoran?
-Llegado el momento nos vamos a dar
cuenta.
-Dices muchas tonterías, lindo... Y
tal vez me dé fiebre de verdad.
-Mejor que eso no pase.
Ella le dio un beso en la frente
mientras él le curaba la lastimadura, un raspón algo profundo.
Se amaban como no podrían amarse jamás
los exégetas del amor...
Les gustaba la noche porque de noche
desaparecían sus propias oscuridades; la ciudad, los ruidos, las
luces que iban y venían... Tomar cervezas, fumar Luckies, besarse
para siempre contra alguna pared... Y hablar de Poe, del próximo
cataclismo, de las conspiraciones que hacían y deshacían todas las
noches...
Las estrellas ya estaban todas pintadas
y ellos no necesitaban religiones mientras se tuvieran de las manos.
-Tenemos que comprar cigarrillos,
¿puedes caminar?
-Creo que sí, si me apoyo en tu
hombro.
-Dale, te ayudo a levantarte.
Eran jóvenes y les gustaba la noche
pero sabían que una noche distinta, una noche de mil mierdas se
estaba avecinando y ellos dos no iban a entrar rendidos a esa noche;
iban a pelear con la torpeza de sus corazones jóvenes... La vida no
se los iba a devorar así nomás.
-¿Vamos a morir juntos nosotros dos?
-Por supuesto, linda... Por supuesto.
Vamos a morir en las primeras filas, al lado de los que van a luchar
en las playas contra la injusticia, contra los hijos de puta que
machacan la vida todo los días un poco más, vamos a morir de la
mano. Vamos a morir habiendo dejado nuestra huella y no seremos
olvidados en miles de años...
Ella le dio un beso en la boca y él le
correspondió el beso.
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