Me acuerdo que una vez me llamaron al
celular, número desconocido, y atendí. Era una chica, joven, por la
voz, que me quería vender algo de un plan de datos para el teléfono.
Una cosa por el estilo... Yo recién me despertaba y me perdí
algunos detalles de su alocución pero tenía linda voz la piba y me
imaginé que era terrible petera así que se me paró la pija y me
empecé a hacer la paja mientras la mina me hablaba pero no le dije:
“Che, debés hacer re buenos petes vos”, porque soy ubicado.
Igual, al final le dije que no estaba
interesado. Que todo bien pero... No. Al trámite manual no lo
terminé.
Después seguí durmiendo o traté de
volver a dormir...
Bueno, eso por un lado. Por otro... El
domingo pasado me puse a escuchar el disco solista de Brian Jones. Qué
delirio hermoso... Qué mal que hicieron en fletarlo de los Stones.
Y ese domingo descubrí que me hace
bien verbalizar mi mala onda, mi fatalismo. No importa si me termino
equivocando. Decirle a alguien que algo va a salir mal... Es algo que
siento en el cuerpo. No sé cómo explicarlo.
Una vez me mandé dos de esas pastillas
para la tos pero que te duermen un toque la lengua y después quedé
hablando como si hubiera tenido una embolia. Un dato de color.
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