Nunca me pasó algo bueno después de
pisar mierda o después de haber sido bendecido por la cagada de una
paloma. Tal vez necesite mierdas más fuertes para que me pase algo
bueno. Pero donde vivo no hay elefantes. Pero no...
Hoy le di plata a una mina que pedía
para la chocolatada de unos pibes en un comedor y me dio un almanaque
2020. Ya no tengo que preocuparme por tener un almanaque del año que
viene.
Le pregunté el nombre a la chica y me
dijo que se llama Antonela/Antonella y yo le dije que me llamo
Gastón.
Le di plata porque estaba linda la
mina; si se la gasta en puchos o merca no me importa mucho. Tampoco
es que le di tanto. Mis criterios de solidaridad son bastante ruines.
La mina me tiró (hubiera preferido la
goma) la típica “Que Dios te bendiga”. Dios no tiene nada que
ver en esto, loca.
Como sea.
Estoy viendo cine checoslovaco, ayer
empecé a ver una que se llama “Morgiana”, de Juraj Herz. De ese
director, hace tres años vi una que se llama “El cremador”.
Este calor me indigna, me doblega.
Salir a la calle es tener una relación BDSM con el sol y yo soy el
que tiene la bola roja en la boca. Indignante.
Hace un par de años escribí un texto
que se llama “Indignaciones y brindis”; debería actualizar mis
indignaciones.
Nunca como en esta época fue tan fácil
ser buena persona: basta con indignarse ante un comentario para
entrar en las filas de los decentes y sensibles. Esa gente que salta
con la ofensa a flor de piel tiene asegurado el cielo de la
imbecilidad.
Me fijé en el almanaque 2020 que me
dio Anto y el año que viene solo vamos a tener un martes 13: 13 de
octubre. Y yo voy a cumplir años un sábado.
El otro día le cambié la letra a la
canción de Heidi, la del abuelito:
“Abuelito, dime tú por qué vienes a
mi cuarto hoy/ abuelito, dime tú por qué estás en pedo hoy/ dime
por qué me mirás así/ dime por qué te sacás el jean/ abuelito,
por favor dejame ir”.
¡Vuelve Casados con hijos! (Que
alguien me mate).
Debería existir una versión porno de
Casados con hijos... Sexo endogámico.
Cuando estoy en un lugar como un banco,
un restaurante, una clínica, lo que sea, me reconforta ver el cartel
de SALIDA. No porque me oriente sino porque me confirma,
precisamente, eso: hay una salida. No voy a morir ahí dentro. Salvo
que venga un tipo y me cague un tiro en la nuca... Después de que
hube pisado mierda.
En la calle se abrazaron dos chicas...
Fue un abrazo intenso así que, las tetas de ambas se apretaron las
unas contra las otras.
Estoy en los detalles.
Chau.
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