jueves, 28 de noviembre de 2019

Manuscrito 40


Tomo agua mineral y miro las palomas; picotean restos de galletitas y cabecean.
A unos quince metros un pibe besa a la novia, están tirados en el pasto. Él no se anima a manosearle la cola pero es obvio que quiere, pone la mano cerca. A la mina no alcanzo a verla bien así que no sé si está buena.
Que sean felices.
¡Hoy puede ser el peor día de mi vida!
Tomo agua mineral y miro las palomas.
Algunos tipos a las novias las abrazan como si fueran rehenes: les rodean el cuello con el brazo cuando van caminando.
Me acuerdo de algo y se me para un toque la pija.
El pibe y la minita dejaron de besarse y ahora están picneando giladitas con gaseosa.
Soy un observador de lo cotidiano yo.
Nunca pierdo la esperanza, cuando miro un edificio, de ver un suicidio en vivo y en directo. Seguramente no me daría el tiempo para filmarlo, salvo que sea una de esas escenas que dan vergüenza ajena... O no, por ahí la persona... En fin.
Me gusta está idea (los novios volvieron a besarse) de ir por la calle hablando con manos libres: “Sí, che... Escuchá, yo pasó por tu casa a las cinco y de ahí vamos a lo de Rubén... Sss... Seh, vos esperame... Pará... Pará... No, nada una mina que se tiró de un puente, quería ver si se tiraba o no. Te decía, paso a las cinco, estate listo. Abrazo".

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