
“Te quiero lamer el cerebro”. Es un piropo re lindo si creés que sos inteligente y no te preocupan los kilos de más, las imperfecciones... Todo eso. Para mí, que ya sé que nunca seré hegemónico y, encima, tengo la verga chica (y a veces hasta no se me para) que me digan que soy inteligente es algo bueno... ¿Es un premio consuelo? No creo. Tengo que sondear eso, en otro momento.
“¿Cuál es la parte más fea de tu cuerpo? Algunos dicen que son tus dientes, otros dicen que es tu nariz pero yo creo que es tu mente” decía el genial Frank Zappa. Creo que mi cerebro es lindo y feo a la vez. Pero no sé en qué medida.
Mi cerebro es una pista de skate donde hacen piruetas algunos pensamientos que son: ingeniosos, pelotudos, nuevos, viejos, arriesgados... Algunos caen bien parados y otros se hacen pelota contra el cemento.
A veces mi cerebro se queda zumbando como una mosca pelotuda contra el vidrio.
Bien, vamos a ver qué necesitaría una persona para lamer mi cerebro: un cirujano otorrinolaringológico, un neurocirujano, un oftalmólogo, un radiólogo y un anestesista.
En total somos necesarias ocho personas para realizar el procedimiento.
Primero me tienen que hacer una tomografía axial computada y una resonancia magnética (¿todavía me quiere lamer el cerebro la otra persona? Creo que sí pero...).
Existen varias craneotomías que me pueden hacer pero, para el objetivo de lamerme el cerebro, conviene una bifrontal extendida.
Supongo que la persona que me quiere lamer deberá someterse a pruebas para ver si está bien de salud porque, vieron ustedes, el cerebro es un órgano importante. Conozco gente que vive sin vesícula pero no sin cerebro. Todos tenemos cerebro, por loco que parezca. Y no te pueden cambiar de cerebro, te toca el que te toca. Podés ponerte más tetas, más labios, limarte el mentón, pero lo que tenés en el balero es único.
Es interesante que algunas personas sotengan que el tamaño de un cerebro tiene que ver con la inteligencia de su dueño; yo no soy muy ducho en el tema pero sé de computadoras con un rígido de la san puta que están llenas de pelotudeces así que...
Pero no me quiero ir por las ramas, tengo el cerebro al desnudo listo para ser lamido.
¿Le gustará el sabor de mi cerebro a la otra persona?
Lo que quiero decir es si le gustaran mis puntos de vista, mis ideas, mi forma de ver el mundo.
También hay que contar con que la otra persona tenga la lengua sana y con las papilas listas para lo que va a hacer... No es moco de pavo.
No lo sé pero la curiosidad...
Después de todo, siempre hay que probar cosas nuevas.
