Es de noche, es noviembre, es el año 2015. Estoy en un bar. Recuerdo muy bien esa noche.
Todavía no existía eso de la cerveza artesanal como moda y menos pensábamos que cinco años después íbamos a estar todos paranoiqueados pero yo tenía en claro dos cosas: 1. había cortado con Lorena y 2. estaba esperando a alguien para hacer una entrevista.
Habían pasado veinte minutos, siempre detesté la impuntualidad porque soy una persona ansiosa pero es algo mío no le echo la culpa a terceros. Salí a fumar y añoré las épocas en las que se podía fumar adentro pero supuse que el mundo estaba progresando para bien; “Lego un poco tarde mil disculpas” decía el mensaje que recibí en la vereda. No es un error de tipeo, realmente faltaba una ele y una coma; le clavé el visto hasta que terminé de fumar y le dije que estaba todo bien. Y, de paso, borré a Lorena de mis contactos pero, como verán, no la borré de mi vida ya que, cinco años después, la estoy nombrando.
Volví a mi mesa y le pedí al mozo otra cerveza, ya me había tomado una y ahora no sé si Lorena tuvo algo que ver con la segunda o es que estaba un poco nervioso por la entrevista. Llegó mi interlocutor, levanté una mano para que me viera, levantó la suya para saludar, se acercó.
“Te pido mil disculpas”, parecía que era su frase preferida.
“No pasa nada, ¿te pido algo?”
“Pedime una Coca que voy al baño y vengo”.
Le pedí lo que me indicó y saqué, de una mochila que ya no uso, un grabador.
“Estoy en un bar, es de noche y es 16 de noviembre. En breves segundos voy a entrevistar a Ernesto Furlán, caricaturista y guionista. Vamos a hablar de un proyecto que quedó interrumpido en 1997 que nunca salió a la luz”.
La cinta del casete siguió corriendo un minuto más hasta que Ernesto Furlán volvió a la mesa y se sentó.
-Lindo bar este. Tranquilo.
-Sí, viene poca gente. Poco ruido. ¿Te inspira alguna idea para dibujar algo?
-Ideas para dibujar hay en todos lados. Si yo ahora hago un giro de trescientos sesenta grados seguro que voy a ver algún detonante. Me puedo inspirar en una pareja que está toda amorosa y cursi y que el tipo le dé de comer a ella o en una pareja que está discutiendo... Sería interesante que fuera la misma pareja. Dos viñetas.
-¿Andás siempre con una libreta para anotar cosas?
-Sí, por supuesto. Anoto palabras claves. Anoto algunas convenciones. Vamos a un ejemplo que puedas ver, mirá la barra, hay tres mozos hablando con el cajero. Uno de los mozos tiene un repasador en el hombro y eso ya nos puede decir algo. Si yo voy a hacer una caricatura de esa escena, el repasador tiene que estar. Así como los brazos en jarra del mozo canoso. Entonces yo anoto: repasador en el hombro, canoso brazos en jarra...
-¿Y ahora en qué estás trabajando?
-Actualmente te puedo decir que tengo dos proyectos serios. Uno tiene que ver con el trabajo de una banda que va a sacar su primer disco y va a salir con un librito con las letras y me llamaron para que haga unos dibujos inspirados en esas letras y es un desafío interesante porque con la escena de los tres mozos ya tenés algo concreto, algo visual a lo que después le agregás el diálogo que tiene que contar con la gracia y etcétera pero dibujar algo inspirado en una letra es más complicado. Más allá de la abstracción que pueda tener una letra o no si una canción dice: “Fuimos al kiosco y estaba cerrado así que piramos a lo del gaita Alvarado” es algo muy visual pero de ahí a simplemente dibujar un kiosco y ponerle la palabra “cerrado” hay un trecho muy grande hay que escarbar un poco más. Ni hablar de líricas más complejas como las de Spinetta pero, como te decía, es un desafío interesante.
-Claro, entiendo. ¿Y el otro proyecto?
-Ah, sí. El otro proyecto es un librito apaisado en el que estoy trabajando, como una especie de “lo mejor de”. Creo que va a estar lindo y ya tiene prólogo de un genio pero no lo quiero revelar, va a ser sorpresa.
-¿Cómo empezaste a dibujar? Es una pregunta un poco tonta, ¿no? “Agarré un lápiz y una hoja en blanco” podría ser la respuesta.
-Agarré un lápiz y una hoja en blanco. (Risas) Supongo que apuntás a cómo fue que dibujar se volvió algo importante en mi vida.
-Claro. A eso iba.
-Y supongo que estuvo siempre, por ahí lo de “importante en mi vida” puede relacionarse con que se volvió un oficio pero siempre fue importante incluso cuando no dibujaba para nadie. Yo recuerdo que en la escuela solía dibujar en los pupitres y después a esos dibujos los tenía que borrar y ya no existen pero yo los recuerdo con mucho cariño y en casa debo tener algunas cosas de cuando era chico. Y a los doce años mi vieja me mandó a un taller que lo daba un grande que ya murió, Tito Lagana, un tano divino.
-¿Todavía hay cosas que te enseñó él en lo que hacés?
-Sí, sí. De todos mis mentores, porque no fue el único, tengo cosas en lo que hago. Mentores digo y me refiero, también, a los que imité sin llegar a conocer personalmente. Y de todos fui sacado algo hasta lograr un estilo propio.
-¿Cuando eras chico eras el que se quedaba dibujando mientras los demás jugaban a la pelota?
-(Risas) Siempre fui un muerto para la pelota. Soy de Banfield y eso es todo lo que voy a decir. Pero sí, es como vos decís. Dibujar y dibujar.
-¿Cuándo empezaste a firmar como “Lan”?
-Ya en los primeros dibujos. Mis amigos del barrio me decían así. Entendé que me cagaron un poco la vida con el nombre Ernesto.
Acá yo pedí un fernet y Ernesto pidió uno para él. Yo estaba un poco entonado porque ya tenía dos cervezas incorporadas.
-Vayamos al año 1996, tenés 31 años y se te ocurre hacer la versión argenta de Tom y Jerry. Contame un poco de eso.
-Qué año para el país ese. (Resopla) Cuántas cosas... José Daniel Haylan ganó el bronce en Atlanta... (Se encoge de hombros y nos reímos aunque yo no tengo idea de lo que está hablando).
-¿Y con vos qué pasó?
-Ese año pasó que me conmoví con “El mundo contra mí” de Beda Docampo Feijoó y también me pasó que empecé un proyecto, el que mencionaste, y las circunstancias, la vida...
-Pero ya tenías todo como para que saliera al aire.
-Sí, ya teníamos filmados los tres primeros capítulos. Al papel de Tom, que acá se iba a llamar Nino, lo iba a hacer Monchito Inarkiev, un gato que ya venía teniendo peso en el under, me lo habían recomendado mucho. Y entendió de una lo que quería para él. Un gato tano, con algunas convenciones medio mafiosas... Un profesional. Y para el papel de Jerry, acá se iba a llamar Carmelo, hicimos audiciones durante un mes hasta que dimos con el indicado: Moisés Vivante y el tuvo la idea de que Carmelo fuera judío. Moisés era un ratón que encaraba la actuación de una forma muy metódica. Antes de empezar a grabar aprendió varias expresiones en hebreo, investigó mucho.
-Hubo mucha preparación.
-Pero por supuesto. Y no solo mío. Ramón, Moisés... Los otros actores. Moisés murió en el 2001, se suicidó. (Guarda unos segundos de silencio y luego habla con la voz un poco quebrada). Ramón se fue a probar suerte a España y le fue bien.
-¿Qué fue lo que pasó? ¿Por qué quedó truncado todo?
-Hubo una pelea muy fuerte con la gente del canal. No voy a hacer más declaraciones porque tengo códigos.
-¿Pero esa pelea persiste?
-Sí. Nunca nos sentamos a aclarar las cosas. Ojalá se dé.
-¿Retomarías el proyecto de Nino y Carmelo si tuvieras la oportunidad?
-No. Nino y Carmelo estaba codificado con una estructura noventera. Los guiños, los gags, las referencias culturales había un capítulo, no recuerdo si el cuarto o el quinto donde había un chiste sobre los Sobornos de Siemmens. Nino y Carmelo hoy no tendrían lugar. De ninguna manera.
La charla siguió con el grabador apagado. Hablamos de cosas insustanciales y luego nos fuimos.
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