martes, 9 de febrero de 2021

Autocompasión

 

Una vez estaba sentado en el banco de una plaza, seguro que fumando y escuchando música y qué imagen triste que habré dado que no va que se me acercó una chica flaquita, no me llamó mucho la atención, le faltaba carne, y me dio un papel.

Me lo guardé en el bolsillo para tirarlo después en un cesto y no le di importancia, seguro que era una pelotudez… Hasta ese momento yo no había reparado en lo de la imagen triste, eso vino después cuando vi el papel pero yo estaba lo más bien.

No estaba esperando a nadie, no tenía que ir a ningún lado, nada. Simplemente era un punto sentado en el banco de una plaza mirando una palmera.

Entonces empecé a caminar con la misma disposición espiritual con la que estaba sentado, ¿eh? Sin preocupación alguna, sin nada que pudiera ser interpretado como: “Che, qué mal la debe estar pasando ese loco”. Nada.

Tampoco es que iba con cara de que me había liberado de una constipación ni de lobotomizado, quiero que eso quede claro… Y me acordé del papel que me dio la chica. Lo estaba por tirar pero se me ocurrió verlo. La curiosidad, saben…

Era el folleto publicitario (se ve que no tenían mucha plata para eso porque ni siquiera era buen papel) de una clínica de rehabilitación para adictos a la autocompasión…

Lo miré y, claro, al principio me pareció que era en joda. Una broma. Interesante, por cierto. Pero había un teléfono y una dirección de correo electrónico. Me guardé el papel. Había quedado tan absorto por aquello que no me había dado cuenta de que el disco que estaba escuchando había terminado hacía varios minutos.

Cuando llegué a mi casa lo primero que hice fue llamar a esta gente para ver cuál era el yeite de todo esto.

Al primer intento me dio ocupado y pensé: “Bueno, se ve que están a full con las consultas”. Como no tengo mucha paciencia dejé el teléfono y me fui a hacer alguna otra cosa, no sé. Mirar videos de Tiranos Temblad, algo por el estilo. Y pasó como media hora.

Y encima yo seguía pensando por qué la mina me dio ese papel a mí. El tema es que yo no le di pelota a la mina y en una de esas los estaba repartiendo a todo el mundo y yo me creía especial. Seguro que era eso: la piba iba repartiendo a cualquiera. Sin embargo, para mí, era lo otro.

Como decía, pasó media hora y volví a llamar; esta vez me dio el tono de espera. Me atendió una chica y ésta me dijo: “Cínica, buenas tardes”. Y ahí cuando me dijo eso, como que me agarró por sorpresa porque hasta ese momento yo pensaba que era una joda y la mina esta me dijo: “Clínica, buenas tardes” con una seriedad, una… Una… La forma en que lo dijo. Y yo medio que me puse nervioso y me trabé. Pero le pude decir: “Sí, hola. Llamo porque me dieron un folleto de la clínica de ustedes. En la calle”.

Y ahí la chica esta, que habrá sido una recepcionista, o algo por el estilo, me preguntó cómo estaba. La pregunta me pareció rara ya que ni nos conocíamos pero, claro, había una intención detrás… Me estaba tanteando la chica esta. Estaba viendo si yo era material para la clínica. Estaba testeando mi psiquis.

Y ahí, como esa pregunta me pareció rara mi “Bien”. Sonó raro. Entonces como que caí en las redes. La tenía bastante clara la mina. Yo nunca le pregunté el nombre.

Ahí la chica me dijo que buscara la clínica en Facebook que chusmeara tranquilo y que, si tenía ganas, al otro día, me pegara una vuelta. Vi dónde quedaba y en treinta minutos de colectivo estaba.

Bueno… Terminó el intercambio y yo fui a comer algo.

A la noche abrí el Facebook, esto es de la época en la que yo tenía cuenta, y busque a la gente esta. Había comentarios, testimonios, fotos, actividades… De todo. Pero aunque me daba curiosidad también, por otro lado, treinta minutos de colectivo ahora me estaban pareciendo mucho y ya me estaba dando paja. Así que, todo bien con la chica esta del teléfono y coso pero se me habían ido las ganas.

Encima, en la cena, discutí con mis padres por una pelotudez y eso me puso de malhumor y terminé tuiteando giladas para la caricia del like. Todo muy patético… Y ahí me di cuenta, claro: me estaba autocompadeciendo.  Me había caído la ficha.

Al otro día estaba en el colectivo yendo a la clínica esta. Me acuerdo de que iba escuchando un disco de Morphine.

Cuando llegué me recibió una chica en mesa de entrada que, me pareció, no era la del teléfono aunque tampoco recordaba bien su voz. Una chica bastante linda. Tenía un piercing en la nariz. Me  dijo que para recorrer las instalaciones le tenía que dejar mi DNI que, por suerte, tenía en la billetera. Suelo salir sin el plástico yo pero esa vez…

Y me preguntó si le había dado like a la página de Facebook y yo le dije que sí. Y ahí me buscó… Me dijo: “Pasá que Victoria te va a acompañar”. Y ahí se acercó una chica que, si hacemos las cuentas, se llamaba Victoria y me invitó a seguirla.

Todo muy lindo, todo muy limpio. Todo muy tranquilo.

Cuando estábamos terminando la visita guiada, Victoria me dijo: “Esperame acá que vuelvo en breves”. Y volvió en breves.

Y ahí me dijo: “Mirá, flaco…Ya sos grande y deberías dejar de postear esas cosas de que todo es una verga y que sos una pobre víctima. Hacete cargo de lo que te toca”. Y ahí me empezaron a acorralar otras personas  que iban cerrando un círculo conmigo en el medio y todos gritaban: “Hacete cargo, hacete cargo, hacete cargo”.

Pero me pude escapar y volví a mi casa. Eliminé mi cuenta de Facebook...

Al rato me avivé: “Mi documento”. No lo busqué nunca y tramité otro pero desde ese día sé que esta gente puede encontrarme en algún momento y eso me tiene mal. Me tiene muy mal.

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