Cuando era chico, a los ocho o nueve años, en mi casa
había muchos tubos con pastillas Redoxon (creo que antes se le daba más pelota
al tema de la Vitamina C y, es más, creo que es la vitamina más popular de
todas hoy en día) y una vez, al abrir la heladera y comprobar que no había nada
para tomar en el almuerzo, me robé uno de los tubos, me llevé una botella de
dos litros de agua al baño y empecé a meter las pastillas. Una por una. El
diámetro de las pastillas era poco menor que el del agujero de la botella así que
las tenía que poner con cuidado. Después cerré la botella y agité fuerte.
¡Jugo!
Pero yo pensaba que si mis padres tomaban ese jugo se
darían cuenta de que había algo raro así que me tomé todo yo solo y después
hice pis color naranja. Mucho. Como tres veces.
Creo que esa travesura de mi parte fue un presagio de lo
que yo sería más tarde: un tipo que se aburre, se encierra en un baño, mezcla
algo, lo toma, lo mea.
Pero con todas esas pastillas que tomaba igual siempre
tenía la nariz como una canilla… Las alergias y todo eso. Aunque mi infancia no
fue un infierno sí fue molesta en ese sentido.
Por suerte mi niñez transcurrió en la época en la que las
ventanillas traseras de los autos se podían bajar del todo. Ahora tienen un
límite para que los infantes no saquen los brazos… ¿Antes éramos más ranas los
chicos? ¿Qué onda? A mí nunca se me ocurrió sacar el brazo, el cuerpo, por una
ventana yendo por la ruta a 110 Km/h (acá siempre se respetaron las normas de
tránsito) y eso que siempre fui muy torpe y mi motricidad fina es como ver a
Samid pegándole la trompada a Mauro Viale.
Para las nuevas generaciones: el término “rana” viene del
lunfardo, un tipo rana es un tipo vivo, avispado… Piola. En fin.
A veces creo que mi vida es un constante ponerme
objetivos ridículos; el otro día pensaba: “Ey, nunca lloré bajo la lluvia”. Y
ahora quiero que me suceda algo que me haga llorar bajo la lluvia pero el tema
es que… ¡Cómo me cuesta llorar! Lloraba mucho cuando era niño pero creo que
todos los niños se la pasan llorando… Quiero pasar por esa experiencia.
De grande me di cuenta de que menos mal que no le hice caso
a mis sueños de niño porque, no se vayan a reír o sí, pueden reírse, yo quería
ser cura y/o militar… Porque tenía un abuelo que era militar retirado y una
abuela, la esposa del militar retirado, que rezaba tres Rosarios por día…
Cuando uno tiene cinco años es una esponja. Si mi abuelo hubiera sido pirata
del asfalto yo hubiera querido eso.
Además, otra cosa, cuando era niño tenía que ir a la
tómbola a jugarle los números a mi otra abuela. Con esto quiero decir que ya
desde muy chiquito estuve en contacto con las drogas y la timba… ¡Soy el
monstruo que mi familia creó! También creo, tengo un recuerdo borroso, que
alguna vez me tomé unas Ibupirac vencidas. Pero no la quiero macanear acá.
Pero también fui bastante normal: tuve un triciclo…
Para un día del niño mis padres me habían regalado un
ludo. Creo que yo tenía ocho años. Pero en esa época mis padres tenían una
crisis marital así que me terminaron sacando el ludo y se lo llevaron para
jugar ellos en la cama hasta que arreglaron sus problemas.
Yo ya me había olvidado del juego ese. Creo que nunca más
volví a jugar pero recuerdo que me pareció bastante verga.
Con los años comencé a acumular aberración por todo lo
que implica ser niño y un día saqué a mi niño interior… Le pegué una patada y
no lo vi más. Pero también sé que ningún niño nace niño… No es culpa de ellos.
Por eso creo que me da un poco de miedo el tema del
Alzheimer (a los viejos hay que matarlos desde que nacen) porque tener ese
quilombo en el marulo te deja todo gagá como un bebé pero sin la parte
supuestamente tierna de los bebés. Los bebés son tiernos salvo que se llamen
Damián y tengan un triple seis en la cabeza… No hay que confiarse de esos bebés.
Bueno, esto fue algo sobre mí…
Siempre se trata de mí.
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