Forros
No podemos negar algo: cómo ha avanzado la ciencia en
cuestión de tipos de preservativos. Hay para todos los gustos (creo que la
palabra “gustos” no queda bien porque me parece que nadie quiere chupar una
verga forrada aunque la gente es rara y dudo que no haya condones con flúor
para cuidar la salud dental de les peteres) y es notable que haya gente que realmente
elija unos por sobre otros.
Texturados, lubricados, ultrafinos, con espermicida.
Todo fue para colar el mensaje ya consagrado por el lugar
común pero que no deja de ser cierto: usen preservativo.
Vivimos en una sociedad en la que todavía el sexo es tan
tabú que hay pendejos que no se animan a comprar forros… Y hablo de sexo
heterosexual nomás… Coger…
Y gente grande también. No vayan a creer que solo es una
cuestión de pibitos pudorosos… Gente grande también. Gente que no se anima a
comprar profilácticos pero bien que después están en el grupo de WhatsApp que
se llama Fútbol Sábados y se pasan fotos de ortos y comentarios del tipo: “Uh,
cómo le entro”.
Porque los tabúes desaparecen en un grupo de WhatsApp
lleno de hombres… O no desaparecen… Quedan suspendidos.
Me imagino que esa gente públicamente pudorosa debe
pensar que ir a comprar forros es como vivir una película de la Guerra Fría.
-Hola… (bajando la voz casi hasta lo inaudible) Una caja
de preservativos.
-Disculpame, no alcancé a escucharte.
-Sí… Una caja de Prime.
-¡Ah, preservativos! No te había entendido.
Y ahí el farmacéutico le ofrece el abanico de variedades
al pudoroso que termina eligiendo cualquiera. Llevó efectivo para no dejar
rastros no quiere que su resumen de tarjeta esté manchado por esa compra…
El pudoroso público es un hipócrita que suele mencionar
valores divinos. Suele tener una familia modelo con hijos educados y bien
peinados. Con ortodoncias y acné.
Y cuando era joven, adolescente, el pudoroso público
vivió su vida con la misma hipocresía: hablando de tetas y ortos con sus
amigos, festejando el chiste de putos y ahorcado por los tabúes como un feto
que no termina de nacer y se enreda con el cordón umbilical.
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