miércoles, 20 de octubre de 2021

Hay que leer la Biblia

 

Estuve leyendo la historia de un libertario homofóbico, misógino, que se encapricha por cualquier boludez, que nunca la pone y quiere llamar la atención a toda costa y tiene un ego tan grande que se percibe dios… Antiguo Testamento se llama.
Igual, el Antiguo Testamento con todo lo rancio que es tiene mejor onda que el Nuevo que es todo: “Ay, seamos unidos y vamos a darnos la mano” como si fueran todos unos hippies roñosos. En el Antiguo… ¡llueven ranas del cielo! ¿Entienden? ¡Ranas! Pero en el Nuevo hay multiplicación ictícola... A esa la hicieron en la campaña, se postulaba Jesús para intendente de Galilea con la fórmula  Jesús cumple, Juan Bautista dignifica…
El Antiguo Testamento está mejor porque es como Twitter y aunque todos digan: “Ay, los haters son cualquiera” y todo eso… deberían admitir que les  encanta el bardo y el puterío. El Nuevo Testamento es: “Ay, seamos buena onda”. Aunque también tiene sus temitas como: “Ay, esa es re puta, vamos a matarla”. Creo que no se salva ninguno. Tienen buenos efectos especiales. Eso sí.
Hay que customizar, aggiornar la Biblia… Meterle mucha pauta. Ponele, en la parte donde el chabón transforma el agua en vino… Metés una bodega… Cosas así.
En fin…
Hoy, particularmente, 20 de octubre del año 2021, tengo mucho calor y estoy bastante de mal humor… Digo, para que lo sepan dentro de quince años cuando estén leyendo esto.
Aunque esto podría aplicarse a todo lo que he escrito en los últimos… ocho años.
Estos días de calor me ponen de un humor como el que podría tener un adolescente de dieciséis años con sobrepeso y fanático de Korn una tarde cualquiera en una preparatoria de Ohio y se levanta harto de que lo gasten…
Bueno, pero hablando en serio… Me parece que es hora de ir terminando con muchas indulgencias porque los pendejos están saliendo cada vez más irrespetuosos y la gente de bien, como uno, merece respeto. Antes había cultura del respeto. Había tradición. Había familia.
Creo que me voy a comprar una de esas bolas antiestrés…
Y pensar que todo esto empezó con un carpintero judío empobrecido… empezó como una miserable farsa desde el vamos.

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