martes, 19 de abril de 2022

Espátula de plástico

 

A veces me pican parte de la espalda a las que me cuesta llegar y creo que en esos casos el amor es importante porque una persona que te ama te va a decir: “Decime dónde te pica y te rasco” entonces el amor es encontrar de a dos el punto que pica. Y si no hay amor, entonces, mejor es encontrar algo de plástico como una espátula pero tiene que estar limpia porque, supongamos, si está pegoteada con mermelada de moras (muy ricas las moras, eso no está en discusión) después te queda la espalda engrudada. Una cuchara de madera no cumple el propósito.
Lo que no conviene es, por ejemplo, salir a la vereda rascándose la espalda con una espátula porque los vecinos, que nunca son escasos, van a comentar: “Creo que se le zafó un tornillo a mi vecino” o cosas peores porque ser un vecino es tener la técnica de la fabulación. Sospecho que gran parte de la literatura universal ha tenido su semilla en las retinas de un vecino que fisgoneó detrás de una celosía.
Eso, claro, si uno vive en una casa y sale a la vereda. Vivir en un departamento creo que es más peligroso porque los pasillos son más condensados y, si en la calle las miradas pasan a vuelo de pájaro, en un pasillo de departamentos las miradas están más delimitadas por el perímetro y todo fluye más lento como la leche condensada y la mirada que se toma su tiempo es la peor por eso de que nuestro infierno es la mirada del otro. También en un edificio de departamentos hay otras cuestiones como, por ejemplo, el portero podría resultar ser un despreciable que se robase la correspondencia.
Y esto es algo que pasa en todos lados, en todo el mundo. No es que uno viaja a Taiwán o Hong Kong y ahí las costumbres son diferentes. Allá la gente también come mermelada de moras. Y la gente también ama. Y la gente también tiene vecinos atentos. No sé cuántos habitantes tiene Taiwán porque la tasa de natalidad en ese continente es muy baja lo que me lleva a pensar en esto: si la gente no está procreando seguro está viendo qué vecino se rasca la espalda con una espátula de plástico.
También me podrían decir: “En Taiwán no necesitan vecinos porque tienen todos tus datos en una computadora” y es cierto pero…
Y no me deja tranquilo eso porque, supongamos, yo vivo en Taiwán y me rasco la espalda con una espátula de plástico y me ficha alguna microcámara instalada en un abejorro (porque son capaces de estas cosas) y después quedo marcado. Los informáticos genios (ser un genio también es ser un poco malvado) dirán: “Esa es una consecuencia inevitable de sus acciones; debió pensarlo antes”.
Por ahí, creo, si yo viviera en el campo y me rascara la espalda con una espátula de plástico, en una de esas no pasaría nada porque la llanura es extensa…
Por ahí me estoy rascando y pasan un tipo y su hijito en una cosechadora y supongamos que lo conozco al tipo. Supongamos que se da este diálogo:
-¿Cómo le va don Mario? (Mientras me rasco la espalda con una espátula de plástico)
-Acá nos ve… (Secándose la frente con un trapito). La cosechadora anda pa’ tras así que vamos a seguir la semana que viene.
-Eso sí que es un problema don Mario.

 

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