viernes, 20 de mayo de 2022

Lanzallamas

El otro día me estaba dando cuenta de que pensar en cosas que me podrían dar placer me da placer. No sé si quedó claro… Pensar en algo placentero ya me genera goce.
Me di cuenta de esto porque yo estaba caminando por la peatonal, iba comiendo unas malteadas con semillas de lino o alguna de esas cosas y me puse a pensar que sacaba un lanzallamas y los quemaba a todos. Todos chicharrones humanos; y eso me dibujó una sonrisa y hasta le dejé el paso a un nenito (al que también hubiera calcinado) que iba por la peatonal, atiborrada de gente, con una especie de autito a pedales mientras su padre, a diez metros de distancia, le decía: “Gael, despacio”.
Yo me sentía bien con la idea de que todos podían morir consumidos por el fuego entonces no me calentó que el padre de Gael fuera un estúpido de mierda. Simplemente me hice a un lado y el niño pasó.
Entonces me di cuenta de otra cosa: imaginar que la gente muere calcinada con mi lanzallamas me predispone de un mejor humor para lidiar con la gente entonces, cuando veo que alguien está siendo un pelotudo, lo que hago es imaginar que esa persona se derrite como cuando ponés un soldadito de esos verdes, de plástico, y arriba ponés una lupa para que le dé el sol.
En fin. Yo seguía caminando (Gael, por suerte, no se hizo pomada contra un banco ni nada) y me pregunté cuánto podría salir un lanzallamas así que entré a la página esa del bobito que les gusta a ustedes y había varios productos bajo la búsqueda “lanzallamas precios” y también estaba “Los lanzallamas” de Arlt pero yo quería prender fuego gente y a ese libro ya lo leí.
De pronto me di cuenta de que se me habían terminado mis malteadas con semilla de lino y eso me puso mal porque me las fui comiendo sin darme cuenta. No sé, calculo que el lino hace bien a algo… A mí se me terminan unas malteadas de lino, una pelotudez así, y ya te digo que la vida es una mugre. Que la vida es aceptar en silencio la muerte que viene silbando bajito una canción de cuna para mandarte a dormir.
Igual, tenía la boca muy seca así que me compré una botella de agua saborizada, siempre con la idea fija en adquirir un lanzallamas. Y no solo eso; aprender a manipularlo, saber cómo mantenerlo. Supuse que me iba a resultar provechoso tener un par de maniquíes para practicar. Irme a algún lugar amplio… Aunque yo sabía, mientras tomaba la bebida sabor ananá, que, llegado el caso, no me iba a importar mucho si tenía que pelar mi lanzallamas en una cancha de básquet. La verdad…
Y mientras pensaba esto, y con el agregado del alto contenido en azúcares de esta bebida con sabor a ananá, me sentía un poco como el loco del video ese de Bitter Sweet Symphony que el chabón va caminando y le chupa un huevo todo…
Así.

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