Vecinos que garchan
Nunca me pasó, o no tengo
recuerdos, que haya escuchado a mis vecinos coger. Tampoco es que yo estoy
esperando ese momento porque eso me parece medio raro… Me imagino a alguien que
está en su casa y dice por lo bajo: “Che, shshshs. Que están por coger los
vecinos” y toda la familia haciendo el menor ruido posible como si fueran los
Frank ocultos detrás de una oficina para que no los agarren los nazis. Pero acá
en mi casa nunca tuvimos esa preocupación. Digo la de los vecinos y el sexo.
Pero supongo que, para
muchas personas… El hecho de escuchar a otras personas tener relaciones
sexuales es… un calvario. Por ejemplo, alguien que se levante temprano todos
los días como las señoras que escuchan a Eduardo Feinmann porque ya tienen el
chip de levantarse temprano aunque tengan 74 años y quieren molestar desde las
seis de la mañana pero hasta las dos, dos y media estuvieron escuchando los
gritos exagerados (porque la pareja se la debe coger mal, de otra manera no se
entiende tanta necesidad de gritar así) y la señora, pobre, será una vieja
gorila recalcitrante pero tiene derecho a dormir y no le queda otra que tomar
ansiolíticos para quedar planchada pero después se despierta de mal humor, con
ojeras… Y un poco de lógica tiene que quiera una buena dosis de falopa en forma
de Eduardo Feinmann.
Y ahí a la señora, ya tipo
para las ocho y media, después de haber tomado algún café con stevia, ya le
empieza a cambiar el humor y se siente un poco más feliz porque Eduardo es un
bálsamo para sus oídos.
Pero esta señora es re
moderna, tiene WhatsApp y todo y tiene amigas no es que se trata de un abuelita
de esas que son cero tecnología y todo amor. No, olvídate…
La señora va y le manda a alguna
amiga, pongamos por caso. Dorita, “Toda la noche gritando como loca la vecina”.
Y Dorita le responde: “¿Otra vez? Es una talón quebrado esa”. Y la señora le
cambia de tema: “¿Lo escuchaste a Eduardo?” y así…
Bueno, pero me fui mucho de
tema. Yo no he escuchado a mis vecinos tener sexo. No es que me haya encontrado
en mi cama pensando: “Qué mal, che. Mis vecinos están teniendo relaciones
sexuales y yo no puedo dormir justo que mañana me tengo que levantar temprano
para afrontar un nuevo día lleno de responsabilidades”.
Sobre todo porque casi nunca
me tengo que levantar temprano y porque, además, casi nunca tengo tantas
responsabilidades. Así que, si tuviera vecinos garchadores no me podría quejar
en ese sentido pero sí me podría quejar si supiera que mis vecinos son
retrasados mentales y yo sospechase que están horneando un nuevo retrasadito
mental mientras los escucho jadear y gritar como cavernícolas precámbricos.
Pero no es el caso.
Tampoco soy yo una persona
religiosa como para que me molestase… Suponete vos a la misma señora del
ejemplo anterior, con todo lo que conté antes ahora sumale… Acostada la señora
ahí en la cama rezando el rosario un lunes a la noche que toca Misterios
Gozosos. La señora rezando “Dios te salve, María, llena eres de gracia el Señor…”
y la vecina gritando: “Llename de leche, lléname de leche” y la señora que se
confunde y tira: “llena eres de leche”.
En fin.
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