miércoles, 6 de julio de 2022

Vecinos que garchan

 

Nunca me pasó, o no tengo recuerdos, que haya escuchado a mis vecinos coger. Tampoco es que yo estoy esperando ese momento porque eso me parece medio raro… Me imagino a alguien que está en su casa y dice por lo bajo: “Che, shshshs. Que están por coger los vecinos” y toda la familia haciendo el menor ruido posible como si fueran los Frank ocultos detrás de una oficina para que no los agarren los nazis. Pero acá en mi casa nunca tuvimos esa preocupación. Digo la de los vecinos y el sexo.
Pero supongo que, para muchas personas… El hecho de escuchar a otras personas tener relaciones sexuales es… un calvario. Por ejemplo, alguien que se levante temprano todos los días como las señoras que escuchan a Eduardo Feinmann porque ya tienen el chip de levantarse temprano aunque tengan 74 años y quieren molestar desde las seis de la mañana pero hasta las dos, dos y media estuvieron escuchando los gritos exagerados (porque la pareja se la debe coger mal, de otra manera no se entiende tanta necesidad de gritar así) y la señora, pobre, será una vieja gorila recalcitrante pero tiene derecho a dormir y no le queda otra que tomar ansiolíticos para quedar planchada pero después se despierta de mal humor, con ojeras… Y un poco de lógica tiene que quiera una buena dosis de falopa en forma de Eduardo Feinmann.
Y ahí a la señora, ya tipo para las ocho y media, después de haber tomado algún café con stevia, ya le empieza a cambiar el humor y se siente un poco más feliz porque Eduardo es un bálsamo para sus oídos.
Pero esta señora es re moderna, tiene WhatsApp y todo y tiene amigas no es que se trata de un abuelita de esas que son cero tecnología y todo amor. No, olvídate…
La señora va y le manda a alguna amiga, pongamos por caso. Dorita, “Toda la noche gritando como loca la vecina”. Y Dorita le responde: “¿Otra vez? Es una talón quebrado esa”. Y la señora le cambia de tema: “¿Lo escuchaste a Eduardo?” y así…
Bueno, pero me fui mucho de tema. Yo no he escuchado a mis vecinos tener sexo. No es que me haya encontrado en mi cama pensando: “Qué mal, che. Mis vecinos están teniendo relaciones sexuales y yo no puedo dormir justo que mañana me tengo que levantar temprano para afrontar un nuevo día lleno de responsabilidades”.
Sobre todo porque casi nunca me tengo que levantar temprano y porque, además, casi nunca tengo tantas responsabilidades. Así que, si tuviera vecinos garchadores no me podría quejar en ese sentido pero sí me podría quejar si supiera que mis vecinos son retrasados mentales y yo sospechase que están horneando un nuevo retrasadito mental mientras los escucho jadear y gritar como cavernícolas precámbricos.
Pero no es el caso.
Tampoco soy yo una persona religiosa como para que me molestase… Suponete vos a la misma señora del ejemplo anterior, con todo lo que conté antes ahora sumale… Acostada la señora ahí en la cama rezando el rosario un lunes a la noche que toca Misterios Gozosos. La señora rezando “Dios te salve, María, llena eres de gracia el Señor…” y la vecina gritando: “Llename de leche, lléname de leche” y la señora que se confunde y tira: “llena eres de leche”.
En fin.

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