Gancia
Nunca se vive tanto el
momento presente como en la adolescencia, loco. Y lo que relaciono con mi
adolescencia es el Gancia; si habré tomado esa cosa hasta la úlcera. Amigo… Es
como decía ese viejo eslogan: “Vivimos el momento… estamos con Americano Gancia!”
En la adolescencia pasa todo
ahora… En fin. Ahora que soy un viejo choto también pasa todo ahora pero es un
ahora que yo no vivo o me hago el boludo. Al otro, a Cacho, es al que le suceden las cosas. Jaja.
Cuando sos adolescente tu
vida vale por todas las vidas y después hay un punto en que tu vida no alcanza
y querés vivir todas y después hay un punto en que con tu vida basta y sobra… Y
pensar que si yo hubiera vivido todas las vidas que quise hasta podría haber
sido un tipo que iba a una farmacia a comprar leche de magnesia marca Phillips
(me imagino que te la tomás y podés cambiar de canal frunciendo el ano) porque
me dio acidez una salsa que comí. Porque
vivir muchas vidas no solo significa ser un rockstar, te puede tocar cualquier
cosa.
En fin… El espíritu de una
época… Lo que, seguro, no tendría en ninguna vida es espíritu deportivo. En
ninguna muerte de ninguna de mis vidas mi lápida podría decir: “Acá yace Cacho.
Qué deportista el loco”.
Hablo un poco más de estas
cosas en uno de mis libros: “Adolescentes: cómo ser rebelde y conformarse al
mismo tiempo” que es, básicamente, un manual de cómo masturbarse con catorce
técnicas distintas en lugar de hacer la tarea.
Una pregunta que deberíamos
hacernos todos es: ¿cuántas personas de
las que en este momento están rigiendo el mundo ya sea política y
corporativamente fueron fanáticos de los Hanson durante su adolescencia? Creo
que hay que rastrear eso.
Pero la vida es esto… Es imposible
eludir el éxito. Y me voy a explicar mejor: la vida es una estructura que te
impide eludir el éxito en el sentido de que el éxito está en todas partes pero
vos no te podés subir, porque es un tractor arrollador que te pasa por arriba y
te hace verga.
Donde sea que vayas está lleno de exitosos subidos al
tractor del éxito y cuando vos querés pegar el pique para otro lado, van y te
atropellan con su éxito en lugar de decirte: “Che, hay lugar para uno más” como
esa vez que yo salí de la escuela y me subí a un tren de la alegría de unos
viejos que estaban de cumpleaños y me dejaron ir con ellos unas cuadras porque
eran macanudos.
Aclaro que para mí el éxito
es apetecible. No estoy divorciado de la idea de ser exitoso…
En fin.
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