domingo, 4 de junio de 2023

Oficina

 

Uno de los lugares más lúgubres y sórdidos en los que he estado fue la oficina donde trabajaba mi padre: un lugar con piso de madera sin barnizar, cuatro personas que trabajaban ante unas computadoras que hacían un ruido constante, migas de bizcochos y una FM regional.
Es todo un tema laburar en una oficina con otra gente. Y hacerlo durante muchos años…
Antes era peor porque a la gente no le importaba mucho fumar en lugares cerrados y si vos trabajabas en una oficina haciendo balances, seguro terminabas con el pulóver con olor a pucho. Un asco.
En eso avanzamos un poco. Nuestros hijos no saben lo que era entrar a una oficina llena de humo. Era como entrar a un videoclip de Def Leppard pero con menos griterío y menos chicas semidesnudas.
Y hay gente que termina con el marulo afectado por trabajar en una oficina. El tema de la alienación y todo eso. No es para tomar a la chacota. El síndrome de burnout…
El tema de la salud mental es algo que los gobiernos deben mejorar porque un tipo que trabaja ocho horas por día, cinco días a la semana, sin contar las horas extras, durante treinta años…
Y encima haciendo siempre lo mismo. ¿Eh? Poner unos números acá y otros números allá. Ay…
Y muchos necesitan de esa alienación para llevarse la cuota diaria de carbohidratos a la tripa. Es lamentable, pero es así. Y así van petrificando sus posibilidades.
El otro día, a Vicky, mi sobrina de seis añitos, le explicaba un poco el tema de la plusvalía y le enseñé la canción de la gallina turuleca. Y le dije: “¿Viste que la gallinita tiene que poner muchos huevos pero no se queda con ninguno? Bueno, eso es generar plusvalía”.
Qué indigno que es trabajar porque siempre es para conseguir cosas banales como la comida o un par de zapatillas. Todo lo que implique dinero es banal. Y a mí me gusta tener cosas lindas y todo lo que quieran pero sé que es todo superficial y baladí.
Y además, hay otra cosa… Trabajar te distrae de que te vas a morir y de van a morir los que querés y no hay nada más indigno que eso. Podés terminar con el cerebro cortocircuitado pero te olvidás de tu condición trágica y olvidarte de eso te quita toda la humanidad. Lo siento mucho.
En mi próxima película de terror psicológico un hombre tiene que trabajar para poder pagarse la comida para tener fuerza para trabajar, el jabón para ir limpio a trabajar, el auto para ir a trabajar...
Bueno, nada.

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