sábado, 23 de agosto de 2025

Un día en la vida de Peggy Baxter

 

Peggy Baxter aceleró su auto por la Avenida Cass y a poco estuvo de atropellar a un perro viejo que estaba cruzando. Ella no lo vio porque su mente estaba en otro lado, estaba donde su hermano mayor, Hank,  que acababa de desplomarse, totalmente borracho, sobre la barra del Lindell AC donde se habían reunido a ver el juego de los Tigers contra Indians.
Ese día, el tráfico no ayudaba. Varios periodistas se estaban alojando en el Book-Cadillac y habían dejado sus autos por toda la avenida; Peggy tuvo que armarse de paciencia. Había determinado que sería la última vez que sacaba al desperdicio de su hermano de aquel bar.
Ernie Harwell estaba relatando la tercera entrada de Ed Brinkman cuando, a tres manzanas del bar, Peggy vio a Freddy Dunster, el mejor amigo de Hank.
-¡Freddy! ¡Oye!
-¡Peggy! ¿Estás yendo al bar? Tu hermano dijo que iría. Yo estaba yendo a la farmacia a comprar unos remedios. Mi madre…
-Oh… Cuánto lo siento, Freddy. De veras lo siento…
-¿Tú estás bien?
-Es Hank, otra vez se emborrachó y estoy yendo a buscarlo…
-Oye, Hank es mi amigo y todo, pero… es un estorbo. ¿Necesitás que te acompañe?
-Ahora que lo dices veo que me vendría bien una mano, pero tu estás ocupado.
-Descuida, vamos al bar y te ayudo a sacarlo. Después me acercas a la farmacia. ¿Te parece, Peggy?
-Me parece fantástico. Sube.
En ese momento, Paul Carey, en la WJR estaba comentando algo sobre Norm Cash que ni Peggy ni Freddy pudieron escuchar bien porque un camionero tocó el claxon.
-Lamento no haber estado con tu hermano, Peg. Tal vez hubiera podido cuidarlo.
-No. No lo lamentes. No eres su niñero.
-Por suerte me encontraste. ¿No? Además, aprovecharé para saludar a Jimmy y a John? ¿Sabías que su padre vino de Grecia?
-Oh. No lo sabía. Déjame que busque un lugar donde aparcar.
-Ahí hay un buen lugar. Está libre.
-Perfecto.
Dos minutos después, Peggy y Freddy estaban dentro del Lindell AC. Elizabeth, la esposa de Jimmy saludó rápidamente a Freddy y le dijo casi al oído: «Jimmy sospecha algo».
Peggy vio a su hermano y se acercó a él. Lo zamarreó sin ninguna contemplación.
-¡Hank! ¡Maldito seas, Hank! ¡Despierta!
Hank despertó y no entendía qué estaba pasando. A su falta de entendimiento le sobrevino una arcada que, afortunadamente, no terminó en un vómito sobre el pecho de Peggy.
-No soy tu madre, Hank. Ya no tienes madre. Mamá murió y todos lo sufrimos, pero tuvimos que superarlo.
-Tienes razón, Peggy. Tienes razón… Tú no eres mi madre. No te compares con ella. Además… Además… Además, tú no podrías ser madre. Y dejáme aquí. No te pedí que vinieras.
Otra arcada más y Freddy se acercó en ese momento con un vaso lleno de agua.
-Amigo, mírame. Toma esto. Te hará bien.
-Freddy Dunster… ¿Vienes a cumplir tu papel de héroe para quedarte con la chica? Váyanse al demonio ustedes dos.
-Hazme el favor de beber este vaso de agua.
Hank tomó el vaso de agua con su mano hábil, pero, en lugar de llevarlo a su boca, lo arrojó contra un póster autografiado de Gordie Howe. Jimmy Butsicaris, hecho una furia, se acercó gritando y empujó a Hank de la banqueta en la que estaba sentado.
-¡Saquen a este infeliz ya mismo de mi bar!
-Jimmy, –le dijo Freddy al oído- si estás enojado, no te la agarres con él.
-Llévate a este infeliz y después hablaremos tú y yo.
Jimmy se dirigió a otro lado, donde estaba Elizabeth mirando todo.
-Freddy, ayúdame a sacarlo. Nos iremos de aquí.
Entre ambos sacaron a Hank y lo llevaron al auto. Antes de llegar, el hermano de Peggy vomitó en la cuneta y, en un momento de lucidez, le dijo a Freddy: «Lamento que tu madre esté enferma. Puedes contar conmigo para lo que necesites. Y ten cuidado con Elizabeth”.
En silencio, los tres marcharon cinco manzanas hasta la farmacia donde Freddy se bajó. Los hermanos Baxter siguieron camino hasta la casa de Hank.
-Hank. No puedes seguir arruinándote la vida. No fue tu culpa.
-Tú nunca lo vas a entender, Peg.
Hank se durmió. Peggy encendió la radio y Jimmy Launce estaba hablando, pero ella no tenía ganas de escuchar a nadie y la volvió a apagar. Esta vez sí pudo ver al perro viejo y aminoró la velocidad para hacer contacto con él.
Peggy estaba harta de todo. Suspiró.

 

 

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