El jonrón de Norm Siebern
Michael Bresson se levantó a las siete de la mañana en
su departamento de Nueva York y lo primero que vio al asomarse por la ventana
fue a Marcus, su vecino de 15 años que estaba volviendo, quién sabe de dónde,
tomándose el brazo izquierdo con la mano. Y luego vio al reverendo Griffith
Billmeyer que caminaba y hablaba con un vecino y se los veía enérgicos en sus
posiciones.
Aquel día era 12 de abril de 1959 y hacía un año que
había muerto Mia, su esposa en aquel robo. En aquella farmacia.
Michael recordaba todo con claridad:
-Nena, necesito que vayas a la Cunningham a comprarme
este remedio que me recetó el Dr. Polley. Iría yo, pero estoy esperando un
llamado de mi padre.
-No te preocupes, Mike. Estaré aquí lo antes posible
con el remedio.
Luego de decir esto, Mia tomó la receta para ir hasta
la farmacia. Esa fue la última vez que Michael Bresson vio a su esposa con
vida.
Media hora después, su padre llamó por teléfono y,
entre otras cosas, le preguntó: “¿Quieres ir la semana que viene a ver el juego
de los Yankees contra los Orioles? Tengo una entrada de más porque iba a ir con
Arthur, pero el desgraciado tiene que ir al funeral de su hermana”.
Una semana después, todavía aplastado por la muerte de
Mia, su viudo fue con su padre a ver aquel partido en el que Andy Carey conectó
un jonrón al jardín izquierdo en la quinta entrada y el padre de Michael lo
festejó con entusiasmo mientras que su hijo apenas si estaba mirando el
desarrollo de las jugadas porque todavía estaba angustiado.
Pero aquella tarde en la que Mia fue a comprar el
remedio, Michael aún la esperaba luego de haber terminado la conversación con
su padre. Dos horas después, comenzó a preocuparse aunque pensó que, tal vez,
se había demorado hablando con Sarah, su amiga, y que volvería en cualquier
momento.
El oficial Frank Ashley fue quien se acercó hasta el
departamento de los Bresson para darle a Michael la noticia. También, Ashley le
dijo que dos de los asaltantes habían escapado.
El 20 de abril, ocho días después de la muerte de Mia,
Michael comenzó su propia investigación. Lo primero que hizo fue ir hasta la
Cunningham para preguntar detalles sobre los ladrones. Cualquier detalle era
importante.
Estos fueron los datos que pudo recolectar: uno de los
ladrones era rubio, tal vez europeo, o hijo de europeos, y tenía, según lo que
dijo, un dependiente de la farmacia que estuvo el día del asalto, dos
triángulos enfrentados en su remera. “Uno era rojo y otro era negro”. Otro dato
fue el segundo asaltante mencionó algo de “una Harley que le iba a comprar a un
tal Danny”. El tercer asaltante fue abatido por la policía.
Exactamente un año después de la muerte de Mia,
Michael se levantó en su departamento de Massena, Nueva York, a las siete de la
mañana y vio a Marcus y al reverendo Billmeyer; se preparó un café y leyó las
noticias del New York Times y se enteró de que, el día anterior, había fallecido
el padre del reverendo y leyó algo sobre la Ley Condon-Wadlin y la Unión
Americana de Libertades Civiles.
Más tarde, en la radio escuchó un episodio de la
adaptación de la serie “Gunsmoke” que la WINS retransmitía desde la CBS. Aquel
episodio fue “El error de Chester” y allí estaba la inconfundible voz de
William Cornard. A veces, Michael Bresson tenía fantasías con Georgia Ellis.
-Era
solo una forma cariñosa de decirlo, no lo decía en serio.
-¿Esa
es la clase de bromas que le gusta a tu familia, Chester?
-Bueno,
señor, hemos hecho muchas tomaduras de pelo…
Michael dejó de escuchar la radio por un momento y llamó
a su amigo Ned para preguntarle si quería ir a pescar el próximo fin de semana.
-La
estaba pasando también con mi gente, con todos ellos, que se me debe haber ido
completamente de la cabeza.
-Supongo
que mucha diversión puede causar eso, claro.
-Ay.
Y ahora me siento terrible
Más tarde, Michael bajó a comprar algo para comer.
Luego se recostó y se durmió con la radio encendida. Habían pasado dos horas en
las que soñó que tenía que comprar una cadena.
Cuando se despertó, Bob Delaney estaba tranmitiendo el
partido de los Yankees contra los Red Sox. Allí estaba Bob Delaney comentando
que “Atlantic Refining Company y su distribuidor local de Atlantic les traerán
el béisbol de los Yankees, como lo harán durante toda la temporada de 1959”.
Michael se levantó (no se había desvestido para dormir)
y bajó para caminar una milla hasta la ferretería de Trevor. La voz de Bob
Delaney fue quedando atrás: “El caballero que recibió justo antes del juego, el
Premio Cy Young al lanzador más destacado de la Liga Americana, Bob Turley…”.
De camino a la ferretería, prendió un cigarrillo,
saludó a la madre de Marcus que volvía de hacer compras en la tienda de la
señora Gallaghan.
-Michael. ¿Cómo estás?
-Apurado, Sandy. Estoy yendo a la ferretería.
-Oh. ¿Tienes que arreglar algo?
-Algo así. Me quedaría más tiempo, pero no quiero que
cierre.
-Descuida. Ve.
-Gracias. Y saludos a Marcus. Lo vi esta mañana cuando
volvía a casa.
-¿Marcus? Pero si no salió en toda la noche.
-¿En serio? Bueno, tal vez era otro muchacho. Adiós,
Sandy.
Michael siguió caminando. Sabía que era Marcus el
muchacho que había visto más temprano. Arrojó la colilla del cigarrillo y apuró
el paso. También aprovecharía para comprar un nuevo carretel para su caña. Ned
había aceptado su propuesta de ir a pescar. “Vengo de buena racha y creo que
voy a pescar un muskallonga” había dicho jocosamente su amigo.
Sentado en la puerta de su casa, con una lata de cerveza
en la mano, estaba Pat Reiner. Estaba escuchando a Bob Delaney: "El
control de Bob Turley estuvo algo errático en la primera entrada, pero aun así
logró un lanzamiento crucial en el conteo de 3-1”.
-Ey, Pat. ¿Cómo va el juego?
-Están en la primera entrada. Acaba de batear Gene
Stephens.
-Gracias, Pat.
-Sí…
Michael siguió caminando. La ferretería estaba a
doscientos metros. Detrás de un vidrio, vio un vestido que le hubiera quedado
hermoso a Mia. En una hoja tirada del Massena Oberver del 9 de abril, tres días
antes, alcanzó a leer: “El helicóptero que llegó aquí para fumigar las tierras
del bosque estatal esta semana estuvo estacionado en la granja Gilles en
Brasher Center el martes y causó un gran revuelo entre los espectadores que
vinieron a inspeccionarlo y verlo volar”. La nota estaba firmada por Dick Peer.
Michael se quedó algo preocupado después de leer esa
noticia. Llegó a la ferretería y allí estaba Trevor.
-Amigo. ¿Qué necesitas hoy?
-Una cadena bien resistente. Un buen candado. Y… voy a
colocar unos cerrojos. Déjame ver qué tienes.
-Enseguida. Vuelvo enseguida.
Luego de la ferretería, Michael tenía que ir a Brasher
Center.
-Aquí tengo una buena cadena y un buen candado. Y
estos son los cerrojos que tengo.
-Déjame ver.
Después de sopesarlos, eligió uno.
-Por cierto, me olvidaba, necesito un carretel nuevo
para mi caña de pescar . ¿Tienes algo para ofrecerme?
-No tengo en estos momentos, pero puedes pasarte por
lo de Eduardo. Ese mexicano tiene lo que necesitas para una buena pesca.
-Te agradezco, Trevor. Y el próximo fin de semana
iremos a pescar con Ned. Ven con nosotros.
-Fantástico. Por supuesto que iré.
-Ned dice que pescará un muskallonga.
-¡Qué locuras dice ese buen hombre!
Ambos rieron.
-¿Sabés, Trevor? Tengo que hacer unas cosas en Brasher
Center y estoy a pie. ¿Puedo usar tu camioneta? Te la traeré en dos horas.
-Está bien. Pero no fumes adentro de ella.
-Descuida.
-Toma las llaves.
El 23 de abril de 1958, tres días después de haber
comenzado la investigación sobre el asesinato de su esposa, Michael Bresson
descubrió otro dato: los dos triángulos enfrentados, uno rojo y otro negro, formaban
parte del logo de Alcoa, la planta de aluminio.
El 25 de abril, dos días después, averiguó que un tal
Daniel Willheimer, Danny, era un mecánico que reparaba y vendía motos.
El 2 de mayo, accedió a la nómina de empleados de la
sucursal de Alcoa en Massena a través de un soborno al guardia de entrada donde
fichaban los operarios. Le preguntó al guardia cuál de todos esos empleados le
parecía que era europeo o hijo de europeo. El empleado le dio dos nombres: Jerzy
Nowak, hijo de polacos y Klaus Schmidt, alemán que escapó con su familia desde Alemania
en 1933 poco después de que Hitler asumirá el cargo de Canciller.
El 4 de mayo, Klaus Schmidt le demostró con pruebas
sólidas que el 12 de abril último había estado en el cumpleaños de su hija y
varios testigos lo ubicaban en aquel lugar. La conclusión de Michael fue que
Nowak fue uno de los asaltantes en la farmacia.
El 9 de mayo, Daniel Willheimer, amenazado por una
pistola, le dio a Michael que un tal Gregory le había preguntado por una
Harley, pero que no había concretado ninguna venta. Sin embargo, tenía un
número de teléfono. Michael compró una Harley y luego la puso en los clasificados
para venderla a un precio bastante accesible. Rechazó unas doce ofertas de compra
hasta que aceptó la última. Era de Gregory Johnson quien le dijo que hacia
tiempo que estaba buscando una moto como esa, pero que no podía costearla ya
que el otro vendedor (Danny) no le quería hacer un buen precio. Michael le dijo
que le podía acercar la moto hasta su casa y, sorprendentemente, Johnson
aceptó.
El 10 de mayo, Michael ya sabía dónde vivían Jerzy
Nowak y Gregory Johnson.
El 13 de mayo, en Brasher Center, cerca de la granja
Gilles, compró una casa.
Luego de seis meses en los que estuvo siguiendo las
rutinas de Nowak y Johnson, también terminó de construir un sótano en la casa
de Brasher Center. Más que un sótano, parecía un búnker.
El 24 de noviembre, drogado con un potente somnífero
que Michael colocó en la bebida de Nowak en el bar que solía frecuentar, el
hijo de polacos fue llevado hasta la casa de Brasher Center y fue encerrado en
el sótano.
El 25 de noviembre, se sumó su amigo Johnson a la
estadía indefinida.
Después de salir de la ferretería de Trevor con la
camioneta, Michael volvió a pensar en la noticia del helicóptero. No era
conveniente que los helicópteros volaran por allí. Además, recordó su sueño en
el que compraba una cadena.
En el sótano de la casa en Brasher Center, encadenados
con grilletes de los que nunca se iban a liberar, estaban cautivos Jerzy Nowak
y Gregory Johnson. Michael les volvió a recordar, como hacía una vez por
semana, que nunca se irían de allí. Luego les hizo bajar dos baldes de aluminio
llenos de carne picada hervida y un bidón de agua.
-No se coman todo de una sola vez.
No le respondieron porque estaban sumidos en la
angustia de la impotencia.
Michael Bresson le puso nuevos cerrojos a la puerta
del sótano y le puso una nueva cadena con candado a la puerta de entrada a la
casa.
Una hora y media después, le devolvió la camioneta a
Trevor.
-Y no te olvides, amigo. El próximo fin de semana
iremos a pescar.
-Allí estaré.
-¿Cómo terminó el juego?
-Ganaron los Yankees 3 a 2.
Siebern anotó un jonrón.
-Mi padre estará muy contento.
Cuídate, amigo.
-Tú también.
Al rato se cruzó con Pat que
todavía estaba sentado en la entrada de su casa.
-¿Tomamos unas cervezas?
-Sabes dónde están. Pasa y tráete
una silla.
El clima estaba agradable y era
bueno pasar el tiempo con buenos amigos.
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