martes, 26 de agosto de 2025

El jonrón de Norm Siebern

 

        Michael Bresson se levantó a las siete de la mañana en su departamento de Nueva York y lo primero que vio al asomarse por la ventana fue a Marcus, su vecino de 15 años que estaba volviendo, quién sabe de dónde, tomándose el brazo izquierdo con la mano. Y luego vio al reverendo Griffith Billmeyer que caminaba y hablaba con un vecino y se los veía enérgicos en sus posiciones.
Aquel día era 12 de abril de 1959 y hacía un año que había muerto Mia, su esposa en aquel robo. En aquella farmacia.
Michael recordaba todo con claridad:
-Nena, necesito que vayas a la Cunningham a comprarme este remedio que me recetó el Dr. Polley. Iría yo, pero estoy esperando un llamado de mi padre.
-No te preocupes, Mike. Estaré aquí lo antes posible con el remedio.
Luego de decir esto, Mia tomó la receta para ir hasta la farmacia. Esa fue la última vez que Michael Bresson vio a su esposa con vida.
Media hora después, su padre llamó por teléfono y, entre otras cosas, le preguntó: “¿Quieres ir la semana que viene a ver el juego de los Yankees contra los Orioles? Tengo una entrada de más porque iba a ir con Arthur, pero el desgraciado tiene que ir al funeral de su hermana”.
Una semana después, todavía aplastado por la muerte de Mia, su viudo fue con su padre a ver aquel partido en el que Andy Carey conectó un jonrón al jardín izquierdo en la quinta entrada y el padre de Michael lo festejó con entusiasmo mientras que su hijo apenas si estaba mirando el desarrollo de las jugadas porque todavía estaba angustiado.
Pero aquella tarde en la que Mia fue a comprar el remedio, Michael aún la esperaba luego de haber terminado la conversación con su padre. Dos horas después, comenzó a preocuparse aunque pensó que, tal vez, se había demorado hablando con Sarah, su amiga, y que volvería en cualquier momento.
El oficial Frank Ashley fue quien se acercó hasta el departamento de los Bresson para darle a Michael la noticia. También, Ashley le dijo que dos de los asaltantes habían escapado.
El 20 de abril, ocho días después de la muerte de Mia, Michael comenzó su propia investigación. Lo primero que hizo fue ir hasta la Cunningham para preguntar detalles sobre los ladrones. Cualquier detalle era importante.
Estos fueron los datos que pudo recolectar: uno de los ladrones era rubio, tal vez europeo, o hijo de europeos, y tenía, según lo que dijo, un dependiente de la farmacia que estuvo el día del asalto, dos triángulos enfrentados en su remera. “Uno era rojo y otro era negro”. Otro dato fue el segundo asaltante mencionó algo de “una Harley que le iba a comprar a un tal Danny”. El tercer asaltante fue abatido por la policía.
Exactamente un año después de la muerte de Mia, Michael se levantó en su departamento de Massena, Nueva York, a las siete de la mañana y vio a Marcus y al reverendo Billmeyer; se preparó un café y leyó las noticias del New York Times y se enteró de que, el día anterior, había fallecido el padre del reverendo y leyó algo sobre la Ley Condon-Wadlin y la Unión Americana de Libertades Civiles.
Más tarde, en la radio escuchó un episodio de la adaptación de la serie “Gunsmoke” que la WINS retransmitía desde la CBS. Aquel episodio fue “El error de Chester” y allí estaba la inconfundible voz de William Cornard. A veces, Michael Bresson tenía fantasías con Georgia Ellis.
-Era solo una forma cariñosa de decirlo, no lo decía en serio.
-¿Esa es la clase de bromas que le gusta a tu familia, Chester?
-Bueno, señor, hemos hecho muchas tomaduras de pelo…
Michael dejó de escuchar la radio por un momento y llamó a su amigo Ned para preguntarle si quería ir a pescar el próximo fin de semana.
-La estaba pasando también con mi gente, con todos ellos, que se me debe haber ido completamente de la cabeza.
-Supongo que mucha diversión puede causar eso, claro.
-Ay. Y ahora me siento terrible
Más tarde, Michael bajó a comprar algo para comer. Luego se recostó y se durmió con la radio encendida. Habían pasado dos horas en las que soñó que tenía que comprar una cadena.
Cuando se despertó, Bob Delaney estaba tranmitiendo el partido de los Yankees contra los Red Sox. Allí estaba Bob Delaney comentando que “Atlantic Refining Company y su distribuidor local de Atlantic les traerán el béisbol de los Yankees, como lo harán durante toda la temporada de 1959”.
Michael se levantó (no se había desvestido para dormir) y bajó para caminar una milla hasta la ferretería de Trevor. La voz de Bob Delaney fue quedando atrás: “El caballero que recibió justo antes del juego, el Premio Cy Young al lanzador más destacado de la Liga Americana, Bob Turley…”.
De camino a la ferretería, prendió un cigarrillo, saludó a la madre de Marcus que volvía de hacer compras en la tienda de la señora Gallaghan.
-Michael. ¿Cómo estás?
-Apurado, Sandy. Estoy yendo a la ferretería.
-Oh. ¿Tienes que arreglar algo?
-Algo así. Me quedaría más tiempo, pero no quiero que cierre.
-Descuida. Ve.
-Gracias. Y saludos a Marcus. Lo vi esta mañana cuando volvía a casa.
-¿Marcus? Pero si no salió en toda la noche.
-¿En serio? Bueno, tal vez era otro muchacho. Adiós, Sandy.
Michael siguió caminando. Sabía que era Marcus el muchacho que había visto más temprano. Arrojó la colilla del cigarrillo y apuró el paso. También aprovecharía para comprar un nuevo carretel para su caña. Ned había aceptado su propuesta de ir a pescar. “Vengo de buena racha y creo que voy a pescar un muskallonga” había dicho jocosamente su amigo.
Sentado en la puerta de su casa, con una lata de cerveza en la mano, estaba Pat Reiner. Estaba escuchando a Bob Delaney: "El control de Bob Turley estuvo algo errático en la primera entrada, pero aun así logró un lanzamiento crucial en el conteo de 3-1”.
-Ey, Pat. ¿Cómo va el juego?
-Están en la primera entrada. Acaba de batear Gene Stephens.
-Gracias, Pat.
-Sí…
Michael siguió caminando. La ferretería estaba a doscientos metros. Detrás de un vidrio, vio un vestido que le hubiera quedado hermoso a Mia. En una hoja tirada del Massena Oberver del 9 de abril, tres días antes, alcanzó a leer: “El helicóptero que llegó aquí para fumigar las tierras del bosque estatal esta semana estuvo estacionado en la granja Gilles en Brasher Center el martes y causó un gran revuelo entre los espectadores que vinieron a inspeccionarlo y verlo volar”. La nota estaba firmada por Dick Peer.
Michael se quedó algo preocupado después de leer esa noticia. Llegó a la ferretería y allí estaba Trevor.
-Amigo. ¿Qué necesitas hoy?
-Una cadena bien resistente. Un buen candado. Y… voy a colocar unos cerrojos. Déjame ver qué tienes.
-Enseguida. Vuelvo enseguida.
Luego de la ferretería, Michael tenía que ir a Brasher Center.
-Aquí tengo una buena cadena y un buen candado. Y estos son los cerrojos que tengo.
-Déjame ver.
Después de sopesarlos, eligió uno.
-Por cierto, me olvidaba, necesito un carretel nuevo para mi caña de pescar . ¿Tienes algo para ofrecerme?
-No tengo en estos momentos, pero puedes pasarte por lo de Eduardo. Ese mexicano tiene lo que necesitas para una buena pesca.
-Te agradezco, Trevor. Y el próximo fin de semana iremos a pescar con Ned. Ven con nosotros.
-Fantástico. Por supuesto que iré.
-Ned dice que pescará un muskallonga.
-¡Qué locuras dice ese buen hombre!
Ambos rieron.
-¿Sabés, Trevor? Tengo que hacer unas cosas en Brasher Center y estoy a pie. ¿Puedo usar tu camioneta? Te la traeré en dos horas.
-Está bien. Pero no fumes adentro de ella.
-Descuida.
-Toma las llaves.
El 23 de abril de 1958, tres días después de haber comenzado la investigación sobre el asesinato de su esposa, Michael Bresson descubrió otro dato: los dos triángulos enfrentados, uno rojo y otro negro, formaban parte del logo de Alcoa, la planta de aluminio.
El 25 de abril, dos días después, averiguó que un tal Daniel Willheimer, Danny, era un mecánico que reparaba y vendía motos.
El 2 de mayo, accedió a la nómina de empleados de la sucursal de Alcoa en Massena a través de un soborno al guardia de entrada donde fichaban los operarios. Le preguntó al guardia cuál de todos esos empleados le parecía que era europeo o hijo de europeo. El empleado le dio dos nombres: Jerzy Nowak, hijo de polacos y Klaus Schmidt, alemán que escapó con su familia desde Alemania en 1933 poco después de que Hitler asumirá el cargo de Canciller.
El 4 de mayo, Klaus Schmidt le demostró con pruebas sólidas que el 12 de abril último había estado en el cumpleaños de su hija y varios testigos lo ubicaban en aquel lugar. La conclusión de Michael fue que Nowak fue uno de los asaltantes en la farmacia.
El 9 de mayo, Daniel Willheimer, amenazado por una pistola, le dio a Michael que un tal Gregory le había preguntado por una Harley, pero que no había concretado ninguna venta. Sin embargo, tenía un número de teléfono. Michael compró una Harley y luego la puso en los clasificados para venderla a un precio bastante accesible. Rechazó unas doce ofertas de compra hasta que aceptó la última. Era de Gregory Johnson quien le dijo que hacia tiempo que estaba buscando una moto como esa, pero que no podía costearla ya que el otro vendedor (Danny) no le quería hacer un buen precio. Michael le dijo que le podía acercar la moto hasta su casa y, sorprendentemente, Johnson aceptó.
El 10 de mayo, Michael ya sabía dónde vivían Jerzy Nowak y Gregory Johnson.
El 13 de mayo, en Brasher Center, cerca de la granja Gilles, compró una casa.
Luego de seis meses en los que estuvo siguiendo las rutinas de Nowak y Johnson, también terminó de construir un sótano en la casa de Brasher Center. Más que un sótano, parecía un búnker.
El 24 de noviembre, drogado con un potente somnífero que Michael colocó en la bebida de Nowak en el bar que solía frecuentar, el hijo de polacos fue llevado hasta la casa de Brasher Center y fue encerrado en el sótano.
El 25 de noviembre, se sumó su amigo Johnson a la estadía indefinida.
Después de salir de la ferretería de Trevor con la camioneta, Michael volvió a pensar en la noticia del helicóptero. No era conveniente que los helicópteros volaran por allí. Además, recordó su sueño en el que compraba una cadena.
En el sótano de la casa en Brasher Center, encadenados con grilletes de los que nunca se iban a liberar, estaban cautivos Jerzy Nowak y Gregory Johnson. Michael les volvió a recordar, como hacía una vez por semana, que nunca se irían de allí. Luego les hizo bajar dos baldes de aluminio llenos de carne picada hervida y un bidón de agua.
-No se coman todo de una sola vez.
No le respondieron porque estaban sumidos en la angustia de la impotencia.
Michael Bresson le puso nuevos cerrojos a la puerta del sótano y le puso una nueva cadena con candado a la puerta de entrada a la casa.
Una hora y media después, le devolvió la camioneta a Trevor.
-Y no te olvides, amigo. El próximo fin de semana iremos a pescar.
-Allí estaré.
-¿Cómo terminó el juego?
-Ganaron los Yankees 3 a 2. Siebern anotó un jonrón.
-Mi padre estará muy contento. Cuídate, amigo.
-Tú también.
Al rato se cruzó con Pat que todavía estaba sentado en la entrada de su casa.
-¿Tomamos unas cervezas?
-Sabes dónde están. Pasa y tráete una silla.
El clima estaba agradable y era bueno pasar el tiempo con buenos amigos.

 

 

 

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