Los muy lindos se daban un
beso NASDAQ en la garita del colectivo. Era un beso deluxe: bello, único y
exclusivo. ¿Qué diría la ciudad si pudiera hablar? Saltaron al vacío unas
cientoveinticuatropalomas (muchas para ser honesto) y los muy lindos se daban
el beso eterno; tan fosilizados estaban que ella lo acariciaba con las pestañas
y se les enredaban las costillas como para morir de amor ahí mismo y hacerle la
vida imposible a los forenses.
Afuera: un día como
cualquier otro. En realidad no tengo que ser honesto con el número de las
palomas. Un tipo le adulteró caricias a una mina antes de llegar a casa, una
señora cambió el precio del pan, una pendeja se hizo un tatuaje y un pibe cantó
una de Gustavo.
-Las estrellas que más
brillan son las que están muriendo… de cáncer.
-Yo nunca pude formar una
constelación.
-¿Viste qué difícil?
Desperdigadas las muy… como un orgasmo.
-¿De cáncer?
-¿Orgasmo de cáncer?
-Ya quisieras vos.
Los muy lindos: todavía con
su beso.
El tipo se vistió para ir a
su casa, la señora cambió el precio del tomate, la pendeja se miró el tatuaje y
el pibe cantó otra de Gustavo. Yo lo saqué al perro a la una y diecinueve de la
madrugada.
Hoy aprendí que el teflón se llama POLITETRAFLUOROETILENO.
(Sí, te voy leyendo mientras
escribo).
Tema de la olla: resuelto.
Se daban el beso y perdieron
el colectivo. Les importó un carajo. Bien.
Taparon un afiche de una
publicidad de gaseosa. Bien.
Un chico ayudó a una vieja
con las bolsas de las compras. Bien.
La pendeja del tatuaje y el
pibe que cantaba canciones de Gustavo se manosearon. Bien.
Sí, era un día como
cualquier otro.
En fin.
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