Esperar el colectivo, en
particular el que tengo que esperar yo, da unos minutos para llevar a cabo
observaciones antropológicas de corto alcance.
Desde luego, existe la
posibilidad de que el colectivo llegue AHORA y no pueda establecer ninguna
observación. Pero, como han de suponer, puesto que sigo escribiendo, todavía no
ha llegado.
Hay otras dos personas
esperando el colectivo. Me pregunto si, como yo, también están observando algo.
¿Qué podría mirar yo?
Justo ahora, ante mi vista,
hay tres autos grises.
Se fueron. El semáforo
cambió a verde.
La escritura en tiempo real
es una forma de engañar a la hoja en blanco.
Es de tarde en la ciudad y
me sorprende que los decibeles en la calle no estén por las nubes. “No estén
por las nubes” habla de mi poca precisión para dar un dato. Y se sumaron otras
dos personas a esperar el colectivo. Y una más.
¿Qué pasaría si el colectivo
llegara tan lleno que uno de nosotros no pudiera subir?
¡Ahí viene! Veremos.
Estoy a bordo.
Continuará…
Espero que hayan estado
haciendo algo interesante los últimos cuarenta minutos porque recién ahora
vuelvo a escribir.
Estoy en mi casa. Sentado
junto a mi perro.
Al final no hice ninguna
observación antropológica. Porque llegó el colectivo.
Menos mal porque no había
nada para observar. Además eso fue un alarde. Comenzar un relato diciendo uno
que va a realizar un estudio es una presunción.
Sentado junto a mi perro que
duerme.
El jueves a la tarde viajo a
Córdoba. A ver a mi novia.
Eso es en casi 72 horas.
Pueden pasar varias cosas en
SETENTA Y DOS horas.
En setenta y dos horas
resucitó entre los muertos.
El clima, Dios, Netflix. No
hay tanto de qué hablar cuando pensás que vivimos en un ascensor gigante.
“Manchester by the sea” es
un bodrio. Lo digo porque sé que a esto lo van a leer muchas personas y les
importa mi opinión en un momento crucial para el país. Estoy escribiendo para
ustedes, hijos de puta. Hijos de puta.
Mi padre puso una película
en la que Nicolas Cage es piloto de avión.
Parece una de esas (sí,
peyorativo) “romanticonas”.
Van diez minutos de película
y ya imaginé Edipo no resuelto entre una chica y su padre (N. Cage).
Pero no, es mucho para esta
película.
Mi padre la pausó. Nueve
minutos. Once segundos. ¡Nueve once!
Mi padre fue al baño con su
tablet.
El perro sigue durmiendo.
En la pantalla quedó NC
mirando para abajo. Es claro que está teñido de negro oscuro. Claroscuro.
Nunca me pude sentar como “chinito”.
Mi cuerpo sabe que no tengo espíritu gregario.
De eso pude haber hablado
cuando esperaba el colectivo. De las personas en la Plaza Alberdi; la “plaza
del bombero”. Estudiantes pedestres, en ambos sentidos de la palabra.
Nunca me pareció cómodo
estudiar al aire libre. Nunca me pareció cómodo estudiar.
Ahora dejaron entrar a una
perra de la calle, Lola. Creo que mi perro le tiene ganas. La olfatea.
Se llama Leopoldo, mi perro.
La perra bien podría llamarse Molly pero no. Lola.
NC sigue mirando para abajo.
Leopoldo y Lola están
echados en el piso. Se levantaron.
Mueven las colas.
Lola se fue. Volvió.
En otro momento sigo
escribiendo.
Pasaron tres minutos.
Mi padre salió del baño y
reanudó la película.
Lola le gruñó a Leopoldo.
Se fue Lola.
Voy a morfar algo.
Puse a Eric Dolphy en el “Illinois
Concert”. Herbie Hancock está en el piano. Esto es de 1963, fue grabado el 10
de marzo. O sea que cumplió años hace poco.
En la batería está J. C.
Moses que ese año tocó con Archie Shepp y Don Cherry.
No me termina de cerrar la
batería. Veré cómo sigue el disco.
Lo acompaño con 7 UP.
Ahora mi padre ve algo
relacionado a unas brujas adolescentes.
La bruja adolescente siempre
es más sufrida que la vampira adolescente.
La vampira, vampiresa, es
más cínica. Se abraza al aislamiento. Es antisocial.
La bruja sufre el rechazo.
Qué pianista de la puta
madre, Herbie Hancock.
En casa hay olor a pizza. En
el horno. Pizza is in the making.
Ahora se destaca el
contrabajo de Eddie Khan. Van quince minutos de disco, primer tema, “Softly as
an morning sunrise”.
Aplausos. Terminó el primer
tema.
Veinte minutos de disco.
En 1999 David Dacks
escribió: “El recién publicado “The Illinois Concert” (1999, año de reedición)
es necesario para los apasionados de Eric Dolphy. Grabado en la Universidad de
Illinois el 10 de marzo de 1963, este es un documento importante de un período
infravalorado de su carrera. Al parecer, esta actuación tuvo lugar justo
después de una discusión con el personal sobre “Enfoques de improvisación” que
lo desacreditó tanto a él como a su música. Como resultado se convierte en un
trabajo fascinante en cada segundo de disco”.
Ahora está sonando “God
bless the child”.
Voy a disponer mi vida al
consumo de pizza.
Vuelvo al rato.
La pizza no está. Comí una
banana.
Qué fruta noble, la banana.
Se deja comer fácil. Además es una fruta portátil. Su packaging la hace
llevadera. La banana tiene el mejor diseño industrial de la naturaleza.
Y me comí tres porciones de
pizza.
Y retomé el disco.
En la tele están bailando
Jagger y Bowie. Extraño a Bowie.
Me gustaría leer “Bowie: The
biography” de Wendy Leigh donde se narra el triángulo amoroso entre David, su
esposa Angela y Mick. Y el origen de “Angie”.
Chirstopher Andersen, biógrafo
de Jagger es el que cuenta que Angie sorprendió a su marido con el cantante de
los Stones.
Extraño a Bowie. Era
hermoso.
Voy a sacar el jazz. A ver
qué pongo…
Charlotte Hatherley, bañada
en dripping, canta “White”.
“Swim into the abyss and the
infinite. You’re the only decoration that I need. In whiteness we can lead our
modern life. Oh, I love it when you take me in the white”.
“Cinnabar” es otra buena
canción de Charlotte Hatherley.
Y no voy a escribir más hasta
mañana.
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