martes, 21 de marzo de 2017

Manuscrito 1

Esperar el colectivo, en particular el que tengo que esperar yo, da unos minutos para llevar a cabo observaciones antropológicas de corto alcance.
Desde luego, existe la posibilidad de que el colectivo llegue AHORA y no pueda establecer ninguna observación. Pero, como han de suponer, puesto que sigo escribiendo, todavía no ha llegado.
Hay otras dos personas esperando el colectivo. Me pregunto si, como yo, también están observando algo. ¿Qué podría mirar yo?
Justo ahora, ante mi vista, hay tres autos grises.
Se fueron. El semáforo cambió a verde.
La escritura en tiempo real es una forma de engañar a la hoja en blanco.
Es de tarde en la ciudad y me sorprende que los decibeles en la calle no estén por las nubes. “No estén por las nubes” habla de mi poca precisión para dar un dato. Y se sumaron otras dos personas a esperar el colectivo. Y una más.
¿Qué pasaría si el colectivo llegara tan lleno que uno de nosotros no pudiera subir?
¡Ahí viene! Veremos.
Estoy a bordo.
Continuará…
Espero que hayan estado haciendo algo interesante los últimos cuarenta minutos porque recién ahora vuelvo a escribir.
Estoy en mi casa. Sentado junto a mi perro.
Al final no hice ninguna observación antropológica. Porque llegó el colectivo.
Menos mal porque no había nada para observar. Además eso fue un alarde. Comenzar un relato diciendo uno que va a realizar un estudio es una presunción.
Sentado junto a mi perro que duerme.
El jueves a la tarde viajo a Córdoba. A ver a mi novia.
Eso es en casi 72 horas.
Pueden pasar varias cosas en SETENTA Y DOS horas.
En setenta y dos horas resucitó entre los muertos.
El clima, Dios, Netflix. No hay tanto de qué hablar cuando pensás que vivimos en  un ascensor gigante.
“Manchester by the sea” es un bodrio. Lo digo porque sé que a esto lo van a leer muchas personas y les importa mi opinión en un momento crucial para el país. Estoy escribiendo para ustedes, hijos de puta. Hijos de puta.
Mi padre puso una película en la que Nicolas Cage es piloto de avión.
Parece una de esas (sí, peyorativo) “romanticonas”.
Van diez minutos de película y ya imaginé Edipo no resuelto entre una chica y su padre (N. Cage).
Pero no, es mucho para esta película.
Mi padre la pausó. Nueve minutos. Once segundos. ¡Nueve once!
Mi padre fue al baño con su tablet.
El perro sigue durmiendo.
En la pantalla quedó NC mirando para abajo. Es claro que está teñido de negro oscuro. Claroscuro.
Nunca me pude sentar como “chinito”. Mi cuerpo sabe que no tengo espíritu gregario.
De eso pude haber hablado cuando esperaba el colectivo. De las personas en la Plaza Alberdi; la “plaza del bombero”. Estudiantes pedestres, en ambos sentidos de la palabra.
Nunca me pareció cómodo estudiar al aire libre. Nunca me pareció cómodo estudiar.
Ahora dejaron entrar a una perra de la calle, Lola. Creo que mi perro le tiene ganas. La olfatea.
Se llama Leopoldo, mi perro. La perra bien podría llamarse Molly pero no. Lola.
NC sigue mirando para abajo.
Leopoldo y Lola están echados en el piso. Se levantaron.
Mueven las colas.
Lola se fue. Volvió.
En otro momento sigo escribiendo.
Pasaron tres minutos.
Mi padre salió del baño y reanudó la película.
Lola le gruñó a Leopoldo.
Se fue Lola.
Voy a morfar algo.
Puse a Eric Dolphy en el “Illinois Concert”. Herbie Hancock está en el piano. Esto es de 1963, fue grabado el 10 de marzo. O sea que cumplió años hace poco.
En la batería está J. C. Moses que ese año tocó con Archie Shepp y Don Cherry.
No me termina de cerrar la batería. Veré cómo sigue el disco.
Lo acompaño con 7 UP.
Ahora mi padre ve algo relacionado a unas brujas adolescentes.
La bruja adolescente siempre es más sufrida que la vampira adolescente.
La vampira, vampiresa, es más cínica. Se abraza al aislamiento. Es antisocial.
La bruja sufre el rechazo.
Qué pianista de la puta madre, Herbie Hancock.
En casa hay olor a pizza. En el horno. Pizza is in the making.
Ahora se destaca el contrabajo de Eddie Khan. Van quince minutos de disco, primer tema, “Softly as an morning sunrise”.
Aplausos. Terminó el primer tema.
Veinte minutos de disco.
En 1999 David Dacks escribió: “El recién publicado “The Illinois Concert” (1999, año de reedición) es necesario para los apasionados de Eric Dolphy. Grabado en la Universidad de Illinois el 10 de marzo de 1963, este es un documento importante de un período infravalorado de su carrera. Al parecer, esta actuación tuvo lugar justo después de una discusión con el personal sobre “Enfoques de improvisación” que lo desacreditó tanto a él como a su música. Como resultado se convierte en un trabajo fascinante en cada segundo de disco”.
Ahora está sonando “God bless the child”.
Voy a disponer mi vida al consumo de pizza.
Vuelvo al rato.
La pizza no está. Comí una banana.
Qué fruta noble, la banana. Se deja comer fácil. Además es una fruta portátil. Su packaging la hace llevadera. La banana tiene el mejor diseño industrial de la naturaleza.
Y me comí tres porciones de pizza.
Y retomé el disco.
En la tele están bailando Jagger y Bowie. Extraño a Bowie.
Me gustaría leer “Bowie: The biography” de Wendy Leigh donde se narra el triángulo amoroso entre David, su esposa Angela y Mick. Y el origen de “Angie”.
Chirstopher Andersen, biógrafo de Jagger es el que cuenta que Angie sorprendió a su marido con el cantante de los Stones.
Extraño a Bowie. Era hermoso.
Voy a sacar el jazz. A ver qué pongo…
Charlotte Hatherley, bañada en dripping, canta “White”.
“Swim into the abyss and the infinite. You’re the only decoration that I need. In whiteness we can lead our modern life. Oh, I love it when you take me in the white”.
“Cinnabar” es otra buena canción de Charlotte Hatherley.

Y no voy a escribir más hasta mañana.

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