martes, 12 de septiembre de 2017

Manuscrito 28

¿Por qué nos gusta discutir banalidades?
¿Discutir cosas fútiles es como ir a una fiesta donde hay birra y pachanga?
¿Es divertido por un rato pero después te das cuenta de que fuiste al pedo?
¿Por qué, a veces, no podemos evadir las discusiones banales?
¿Da pábulo al ego ganar una discusión estúpida?
¿Son una especie de precalentamiento para después discutir en serio?
¿Son la Primera B de las discusiones?
¿Somos una sociedad de bizantinos diletantes?
¿Qué empresa hace los uniformes de Carrefour?
Reconozco que, por más que me empeño en evitarlas, a veces caigo en una discusión estúpida.
Debería existir una fundación, algo que ayude al adicto a la discusión pelotuda.
-Hola, soy Oscar y me gusta discutir estupideces. Empecé hace diez años. Al principio era una cosita por semana. Lo podía controlar. Era divertido, pero desde hace cuatro años no puedo empezar mi día sin la discusión pelotuda que preparé la noche anterior. Llegué a estar tres días sin dormir discutiendo quién es mejor entre Messi y Maradona. Porque llegué al punto de discutir conmigo mismo. Me echaron del laburo, mi rendimiento sexual decayó... ya no puedo disfrutar los momentos con mi hija... Y acá estoy. Soy Oscar, adicto a las discusiones pelotudas.
Es más, habría que proponerle al Ministerio de Salud que active una línea de ayuda.
“Si pensás que sos adicto a las discusiones pelotudas o conocés a alguien que esté pasando por ese problema comunicate sin cargo al 181. Las 24 horas, los 365 días”.
-Hola...
-Hola, te escucho.
-Me llamo Viviana. Llamo porque estoy desesperada.
-Contame, Viviana. Te escucho.
-Mi hijo... ya no sé cómo manejar esto.
-Tomate tu tiempo.
-No puede parar de discutir pelotudeces. Todo el tiempo.
-¿Qué cosas discute?
-De todo. Ayer estuvo seis horas discutiendo que el arroz se pone junto con el agua y no cuando ya está hervida.
-Sí, te entiendo, Viviana.
-Ya no sé qué hacer. No sé qué hacer.
-Lo importante, Viviana, es que tu hijo sepa que está contenido.
-Yo hago todo lo posible.
-La mejor decisión que tomaste fue llamarnos. Nosotros vamos a mandar a una de las chicas para que hable con tu hijo. ¿Estamos de acuerdo?
-Sí, por favor. Que sea rápido.
-Quedate tranquila. Vamos a estar en contacto.

Lo que tenemos que entender es que al adicto a la discusión pelotuda no hay que criminalizarlo. Se trata de una enfermedad.

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