¿Por qué nos gusta discutir
banalidades?
¿Discutir cosas fútiles es como ir a
una fiesta donde hay birra y pachanga?
¿Es divertido por un rato pero después
te das cuenta de que fuiste al pedo?
¿Por qué, a veces, no podemos evadir
las discusiones banales?
¿Da pábulo al ego ganar una discusión
estúpida?
¿Son una especie de precalentamiento
para después discutir en serio?
¿Son la Primera B de las discusiones?
¿Somos una sociedad de bizantinos
diletantes?
¿Qué empresa hace los uniformes de
Carrefour?
Reconozco que, por más que me empeño
en evitarlas, a veces caigo en una discusión estúpida.
Debería existir una fundación, algo
que ayude al adicto a la discusión pelotuda.
-Hola, soy Oscar y me gusta discutir
estupideces. Empecé hace diez años. Al principio era una cosita por
semana. Lo podía controlar. Era divertido, pero desde hace cuatro
años no puedo empezar mi día sin la discusión pelotuda que preparé
la noche anterior. Llegué a estar tres días sin dormir discutiendo
quién es mejor entre Messi y Maradona. Porque llegué al punto de
discutir conmigo mismo. Me echaron del laburo, mi rendimiento sexual
decayó... ya no puedo disfrutar los momentos con mi hija... Y acá
estoy. Soy Oscar, adicto a las discusiones pelotudas.
Es más, habría que proponerle al
Ministerio de Salud que active una línea de ayuda.
“Si pensás que sos adicto a las
discusiones pelotudas o conocés a alguien que esté pasando por ese
problema comunicate sin cargo al 181. Las 24 horas, los 365 días”.
-Hola...
-Hola, te escucho.
-Me llamo Viviana. Llamo porque estoy
desesperada.
-Contame, Viviana. Te escucho.
-Mi hijo... ya no sé cómo manejar
esto.
-Tomate tu tiempo.
-No puede parar de discutir
pelotudeces. Todo el tiempo.
-¿Qué cosas discute?
-De todo. Ayer estuvo seis horas
discutiendo que el arroz se pone junto con el agua y no cuando ya
está hervida.
-Sí, te entiendo, Viviana.
-Ya no sé qué hacer. No sé qué
hacer.
-Lo importante, Viviana, es que tu hijo
sepa que está contenido.
-Yo hago todo lo posible.
-La mejor decisión que tomaste fue
llamarnos. Nosotros vamos a mandar a una de las chicas para que hable
con tu hijo. ¿Estamos de acuerdo?
-Sí, por favor. Que sea rápido.
-Quedate tranquila. Vamos a estar en
contacto.
Lo que tenemos que entender es que al
adicto a la discusión pelotuda no hay que criminalizarlo. Se trata
de una enfermedad.
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