Escucho Led Zeppelin...
Una noche habíamos salido con un par
de monos y nos metimos en una escuela que estaba en construcción; en
una de las aulas había quedado escrito el pizarrón: clase de
Geografía: Tigris y Éufrates. MAGGIE.
Yo me metí en uno de los baños y me
alivié.
Después salimos de la escuela y
prendimos fuego un contenedor de basura porque en esa época se
estilaba eso.
Como sea.
Hay algo bello en el fuego. Me gusta
ver arder casas, autos, personas... recuerdos.
Me gustaría ir a un Starbucks y decir
que me llamo Adolfo Puto.
Me gustaría hacer un número de
títeres en un cumpleaños infantil y que uno de los títeres sea
“Arturo el gruñón” y que diga: “La vida es solo la muerte
aplazada.” Ojalá todos los niños se larguen a llorar en esa
parte.
Yo creo que está bien hacerles
entender a los niños desde su más tierna infancia que se van a
morir. Si yo tuviera un sobrino le diría: “Mirá, Mati (suponiendo
que se llame Matías porque, de lo contrario, lo llamaría de otra
forma) vos ahora te estás divirtiendo con los jueguitos y todo eso.
Muy lindo. Pero la muerte acecha a cada paso, ¿sabés? Podés salir
a la calle y te pueden meter un tiro, te podés morir de cáncer...
la muerte nunca te abandona. Jaja, sí, como Rexona. Andá a
comprarme puchos.”
El otro día fui a pedir el acta de
defunción de mi abuela que entregó el cuerpo en 2010... El acta no
estaba cargada en el sistema entonces pensé que mi abuela había
fingido su muerte para escapar de algo... ¿Y qué podía ser?
Por supuesto: mi abuela ejercía la
práctica ilegal de la cura de empacho, mal de ojo, y nervios
recalcados. Seguro tuvo problemas y tuvo que fingir su muerte para
fugarse a Panamá donde tiene una clínica clandestina en Costa del
Este detrás de una rotisería.
Hasta los ocho años creí en esas
curaciones de mi abuela. Después seguí dejando que lo hiciera pero
para darle el gusto.
Pero qué lindo que es quemar cosas. Me
dieron ganas de salir a la calle...
Me molesta mucho ir a mear y que se me
ponga a hablar un tipo al lado.
No soy bueno para mear y hablar. O para
fingir interés en una conversación tan perecedera como el meo que
estoy emitiendo.
No me gusta dejar propina en los baños
de las terminales.
Me comí dos tortas fritas porque soy
mejor que ustedes.
No me
interesa ser el déjà
vu de lo que ya fui. Pero nunca dejé de ser nada. Soy la suma
constante. El resultado: falta.
No hay comentarios:
Publicar un comentario