jueves, 12 de diciembre de 2013

Impuestos...

Un día el viejo se levantó cabreado y cortó al canario por la mitad y se tomo la sangre. “Acid rock” dijo.  Porque, para que sepan, el viejo que tenía los pómulos de acero, parecía frisar los setenta y era un rockstar que se negaba a la jubilación.  El problema es que ya estaba un poco gagá y se metía una cuerda de guitarra por la uretra. Una noche encontró una pastilla azul en la unión del piso con el zócalo. Se arrastró como una babosa y se la mandó. Al rato tenía la pija parada como para invadir Polonia. Entonces llamó a un par de chicas para festejarse su cumple. Ya ni sabía cuándo era su cumple. Las chicas llegaron y fue más al revés la cosa, porque ellas se lo garcharon a él. Pero todo se desmadró cuando lo ataron a la cama y le pusieron una mordaza con una bola roja en la boca. Ahí las chicas le desvalijaron la casa y encima llamaron a un tipo para que se lo garchara al viejo.  El tipo era un patovica del boliche “Epidemia”.  El viejo terminó saqueado en lo más profundo de su ser.
Al otro día llegó su sobrina que volviá de tomar la primera comunión. El viejo la llevó a su cuarto para mostrarle unas fotos. Unos días después el padre de la nena fue a la casa del viejo con un 38 y le pegó cinco tiros en el fémur. El viejo perdió la pierna y se hizo internar en un geriátrico. En el geriátrico comía manzana rallada.  Una noche una de las enfermeras le puso un vibrador en el culo. Un día le llevaron una guitarra y tocó esta canción.

















Pero pasaron los meses, los años y el viejo se fue olvidando del rock. Un día pidió la extrema unción y al otro día se cortó las venas. En su Documento Nacional de Identidad decía que tenía 35 años. Lo recordaron como a un tipo que le gustaba mezclar whisky con Listerine.





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