Vivían los cinco en una casa que
nunca nadie supo de quién era.
Eran cinco: Octavio (el
“Commendatore”), Groncho, Paliza, la hermosa Grausame Frau y el Quinto. Todos
tenían entre 21 y 24 años. Norah, que así se llamaba la joven, iba a tener un
hijo pero lo abortó de madrugada.
Octavio tenía una esvástica
tatuada en el omóplato derecho y no le molestaba andar en pelotas por la casa,
porque la tenía grande; a veces se la cogía a la “Grausy”.
Groncho se quedaba tirado en un
sillón tocando una trompeta Selmer, a la que llamaba “Nena”.
Paliza, le decían así porque,
cuando chico, su padre lo fajaba, era el encargado de conseguir la merca.
Y, por último, Quinto, el
sombrío. La calamidad.
Turnaban los servicios: un mes
tenían gas, el otro mes tenían luz…
Nunca faltaban los envoltorios de
caramelos sugus y la música de Count Basie.
Los jueves por la noche jugaban
al póquer y, porque era entre amigos, la emborrachabn a Norah para verla bailar
“en bolas” arriba de la mesa.
Un día pusieron la música a todo
volumen, se habían descontrolado. Groncho llevó unas minitas, Paliza puso la
frula.
Parece que una vecina, una
viejita, llamó a la cana. Entraron con todo.Se los llevaron a los cinco.
Tenían merca para tirar al techo y cuatro nenas de doce o trece años.
Octavio se quiso hacer el malo en
la cárcel pero se lo garcharon de a cuatro.
Groncho se deprimió y se ahorcó,
extrañaba a su “Nena”.
Paliza, acostumbrado a los golpes
pudo ganarse algún respeto y purgó su pena.
Quinto se comió los ojos y las
orejas de su compañero de celda.
La “Grausy”, todavía está en cana
y es la novia de su compañera de celda. Le dice “Mamá”.
La casa quedó abandonada por
mucho tiempo.
Hasta que se instaló una familia
de Reconquista.
Familia tipo: el padre, operario
de Telecom; la madre, docente; el hijo… un buen pibe y la nena, la regalona de
papá.
De los padres de los cinco jamás
se supo nada.
Bah, años después se supo que
estaban enterrados en el baldío que está detrás de la casa.
Sí, a los cinco los unía el
parricidio. Y los cuentos de Ambroce Bierse.
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