En el restaurante de Ray
sonaba Maple Leaf Rag de Scott Joplin cuando llegué. Tenía una mesa reservada
para cuatro, tenía que esperar a Gail, a su novio Max, y al hermano mellizo de
este, Holden. Los cuatro habíamos terminado la escuela y queríamos organizar
nuestras vacaciones de verano.
Ray, un hombre que ya había
pasado los cincuenta años, me conocía desde que yo era un niño y no dudo en
acercarme un refresco, cortesía de la casa mientras esperaba. Cuando terminó el
tema de Joplin comenzó Dizzy Fingers de Zez Confrey. Miré mi reloj, mis amigos
no tardarían en llegar. El restaurante estaba repleto en esa época del año,
claro, repleto de gente negra, ustedes saben. Negros como el carbón. Negros
como nosotros. Seguido de Confrey empezó Keepin'
Up With Jonesy de Clifford Brown,
y a mitad de canción llegaron mis apreciados amigos.
Gail estaba hermosa con su
vestido verde, se lo había comprado su madre para el bautismo de su prima. Max
siempre fue más fuerte que Holden, éste era el inteligente. Pero también era
más tímido y reservado que Max.
Llamé a Ray y le pedí
pizzas y unos refrescos teníamos que hablar de muchas cosas con los chicos.
Gail fue la primera que abordó el tema de las vacaciones, justo en el momento
en que empezaba a hablar, comenzó el tema Minority de Gigi Gryce.
-Conozco un lugar, aquí en
Goergia, en LaGrange, hay unas cabañas, papá solía llevarnos con mi hermano.
El hermano de Gail había
muerto precisamente en LaGrange, desde ese día nunca más volvieron allí. Se
llamaba Thomas.
-Estas pizzas nunca dejan
de gustarme.- Dijo Max, que se metía una porción entera en esa boca enorme que
tenía.
Holden, con la timidez que aún hoy lo suele
caracterizar, lo miraba como implorándole que comiera con más educación.
Mientras tanto, Gail y yo seguíamos hablando de LaGrange. Tal como lo describía
ella, el lugar parecía interesante. Y en ese momento comenzaba a sonar Stars
Fell On Alabama de Cannoball Adderley.
El saxofón de Adderley, el
piano Wynton Kelly, el bajo de Paul Chambers y la batería de Jimmy Cobb,
llevaron a Gail y Max al mundo de los besos. En broma le hice una cara de asco
a Holden que me devolvió una sonrisa tímida. Esas situaciones lo ponían
incómodo. Ahora se debe andar besuqueando con su esposa Lorraine.
De pronto, los besos y la
música se vieron interrumpidos por dos ruidos secos como dos disparos de negro
resentido.
Y, de hecho, los disparos
salieron del arma de un negro resentido.
Marcus Freeman había sido
un pretendiente de Gail durante toda la secundaria, pero ella había elegido a
Max. Durante todos aquellos años Freeman había guardado un profundo rencor
hacia Max. Aquella tarde, en el restaurante de Ray, le puso fin a su odio, y a
la causa de su odio. Les disparó a ambos en la cabeza.
Le dieron la pena de
muerte.
Holden y yo dejamos de
vernos por diez años. Cuando me lo encontré, en Albany, ya estaba casado con
Lorraine y esperaban a su primer hijo, le puso Maxwell.
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