Jonathan Swift propuso comer
niños de un año.
Pregunta: ¿Qué superioridad
moral tiene el sabor de la carne humana? Si la tiene, ¿comer a una persona es
sacrilegio o privilegio? Si no la tiene, derecho.
¿Habrá existido, existirá un
libro apócrifo (tanto en su sentido de falso como de oculto) de Escoffier que
recopile recetas para cocinar niños de un año?
Machacar la carne…
Después de comer a diez,
cien niños de un año la ingesta ya no será cruel. La crueldad se diluye en lo
cotidiano. El Infierno debe su éxito a la innovación.
Ganchos en los ojos…
¿Estamos adoctrinados para
percibir (la) crueldad al punto de enfermarnos la idea de cometerla?
Cuando logramos vencer a la
patología, quedamos inmunizados. La concreción de un acto cruel no debería ser
menos perjudicial para el alma y para el cuerpo que un acto de bondad. ¿Por qué
hablar de vicio y virtud?
Innecesario y poco
saludable…
Restringir y ocultar lo que
de sombrío hay en nosotros es una tarea vana. Pues, si es una enfermedad, ¿por
qué incubarla en lugar de liberarla?
Hacer sufrir…
Puede ser muy beneficioso
para una persona hacerla sufrir, tal vez más que iluminarla. Cuando una persona
sufrió todo cuanto pudo, habrá abandonado su existencia inauténtica, sentirá
todo como es en realidad. Dejará de ser una marioneta. La crueldad es cortar
los hilos para que la persona caiga.
Sentimiento natural…
La crueldad es humana, el
terror es divino. O algo así decía William Blake. La meta es la seducción del
horror. La crueldad del amor, delicia intensa. O algo así decía Leopoldo
Lugones.
Soberbia…
La crueldad puede ser
soberbia pero la compasión también. El mayor soberbio es Dios. Juega él solo
los roles de policía bueno y policía malo que en realidad siempre es malo.
Cosa perversa: “lo hago por
tu bien”.
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