martes, 9 de mayo de 2017

Manuscrito 15

Jonathan Swift propuso comer niños de un año.
Pregunta: ¿Qué superioridad moral tiene el sabor de la carne humana? Si la tiene, ¿comer a una persona es sacrilegio o privilegio? Si no la tiene, derecho.
¿Habrá existido, existirá un libro apócrifo (tanto en su sentido de falso como de oculto) de Escoffier que recopile recetas para cocinar niños de un año?
Machacar la carne…
Después de comer a diez, cien niños de un año la ingesta ya no será cruel. La crueldad se diluye en lo cotidiano. El Infierno debe su éxito a la innovación.
Ganchos en los ojos…
¿Estamos adoctrinados para percibir (la) crueldad al punto de enfermarnos la idea de cometerla?
Cuando logramos vencer a la patología, quedamos inmunizados. La concreción de un acto cruel no debería ser menos perjudicial para el alma y para el cuerpo que un acto de bondad. ¿Por qué hablar de vicio y virtud?
Innecesario y poco saludable…
Restringir y ocultar lo que de sombrío hay en nosotros es una tarea vana. Pues, si es una enfermedad, ¿por qué incubarla en lugar de liberarla?
Hacer sufrir…
Puede ser muy beneficioso para una persona hacerla sufrir, tal vez más que iluminarla. Cuando una persona sufrió todo cuanto pudo, habrá abandonado su existencia inauténtica, sentirá todo como es en realidad. Dejará de ser una marioneta. La crueldad es cortar los hilos para que la persona caiga.
Sentimiento natural…
La crueldad es humana, el terror es divino. O algo así decía William Blake. La meta es la seducción del horror. La crueldad del amor, delicia intensa. O algo así decía Leopoldo Lugones.
Soberbia…
La crueldad puede ser soberbia pero la compasión también. El mayor soberbio es Dios. Juega él solo los roles de policía bueno y policía malo que en realidad siempre es malo.

Cosa perversa: “lo hago por tu bien”. 

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