Cuando te mandás una cagada
Antes que nada quiero decirles que hoy me estaba
acordando de un tipo que vivía en el barrio y la gente grande le decía “el
Daglas” porque se parecía al Michael Douglas. Fin de ese tema.
El otro día, me eché un cago acá en casa (y decí que fue
en mi casa) y cuando tiré la cadena el asunto no se iba… No se iba. Era como
cuando te mandás una cagada y alguien siempre te la recuerda, no te la
perdonan. Como que no te liberás con un pedido de disculpas y ya. Tenés que
hacer algo más.
Entonces esperé un poco y volví a tirar la cadena. Cero.
Como cuando cometiste un error en el pasado y te persigue por el resto de tu
vida y no te deja avanzar, contaminando todo lo que hacés, tus proyectos, tus
relaciones. Frustrando todos y cada uno de los intentos en los que te proponés
ser feliz o al menos tener una vida tranquila.
A ver, parece que estoy haciendo una tormenta en un vaso
de agua porque soy un burgués de clase media…
Busqué un balde para tirar agua y no bajó. No bajó. Y no
bajó.
Claro… Mirá lo tapado que habrá ha estado eso. Era como
una acumulación de cosas que uno viene aguatando, ¿eh? Ahí. Cayetano. Pero todo
tiene un límite, viste. Vos a la gente la podés macanear una vez, dos veces,
tres, pero llega un momento en que ya no da y la persona explota. Se desborda.
Y ahí te quiero ver. Porque vos te venías creyendo que todo era gratis, total
no había consecuencias pero todo se va acumulando…
Entonces tiré otro balde y la cadena al mismo tiempo y
ahí bajo un poco. Apenas pero no lo necesario. Y ahí vino la esperanza como
cuando una persona a la que jodiste tiene esa gentileza de hacerte algún favor
pero porque es mejor persona que vos y ya te pensás que avanzaste unos
casilleros pero nada que ver.
Eso que había bajado apenas volvió a subir y ahí ya
agarré la sopapa y tomé medidas drásticas: empecé a darle de una manera… Una
energía, una…
Y ahí sí, empezó a irse todo. Lo que transpiré…
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