sábado, 31 de julio de 2021

Oklahoma

 

A veces veo cosas en las películas y me parece que solo pasan en las películas pero yo pienso: “Quiero vivir eso” como la escena típica del camionero que va de Nebraska a Oklahoma, para en una estación del condado de Pawnee, entra a la estación y una rubia carilinda pero sin muelas llamada Cynthia le dice: “Hola, cielo. ¿Te sirvo café?” Y el camionero, que se llama “Rex” porque tiene que tener un nombre varonil, se sienta en una banqueta y le dice a Cynthia: “Así es, linda. Uno de los grandes” y deja a un costado su gorra de los Cardinals porque el tío es de St. Louis y en la televisión de 14’’, blanco y negro, CRT, pasan el juego de los Cardinals contra los Atlanta Braves que ganan por un punto en la última entrada y Rex dice: “Maldito Carl, tendré que pagar la puta apuesta”. Y ahí Cynthia vuelve con el café y le pregunta: “¿No has tenido suerte?” y Rex le  dice: “Hace mucho tiempo que no tengo suerte”.
Bueno, yo quiero ser el que está en la barra, a dos metros de Rex, comiendo un emparedado sin que nadie me moleste.
Pero si eso sucediera en la vida real, no estaría a salvo de las molestias. No, no, no. Todo lo contrario.
Después de que Rex le dice a Cynthia: “Hace mucho tiempo que no tengo suerte” suena mi celular que, por error, dejé con sonido y eso llama la atención de Rex que me dice: “¿También vienes de lejos, amigo?” y yo, sin ánimos de conversar le  digo: “No, soy de aquí”. Y empiezo a mirar la pantalla de mi celular para que Rex no me hable y deseo que Cynthia le saque conversación y que se lo lleve al baño para robarle la billetera mientras lo hacen con premura.
Pero Rex insiste: “¿Viste el juego? Esos malditos de Atlanta nos han fregado”. Y yo le digo: “Ah, sí… Han tenido un mal día”. Y me queda un 64,58 % de mi sánguche.
En fin… Mejor elijo otra escena ficticia para vivir.
Estoy en Ralston, condado de Pawnee, en Oklahoma (todo va a pasar en Oklahoma, les voy avisando) y entro a la licorería de Kyle, “el viejo Kyle” para comprar algo que tomar en estas noches de frío.
-Oye, Kyle… ¿Agnes se ha recuperado del resfriado?- Agnes es su esposa, buena mujer.
-El doctor le ha dicho que debe guardar reposo pero… tú sabes cómo es ella.
-Lo sé, viejo. Lo sé.
Y cuando estoy por pagarle un brandy aparece un tipo que está claramente borracho y tiene una gorra de los Cardinals de St. Louis y dice, arrastrando las palabras porque está un poco afásico: “Anciano, échale un trago al buen Rex” y ahí me doy cuenta de que Rex me va a perseguir en todos los universos.
Yo le digo a Rex: “Esto no es una taberna, hombre” y el camionero (acá también es camionero) me mira de arriba abajo y me dice: “¿Y tú quién diablos eres?” y es cuando el viejo Kyle saca una escopeta de cerrojo Mossberg, calibre .12 chico, y le dice a Rex: “Contaré hasta tres antes de disparar” y el molesto inoportuno va a decir: “Tranquilo, anciano, esas cosas no son juguetes” Y Kyle le va a rozar la cabeza de un disparo y le va a decir: “No habrá segundas oportunidades”. Y Rex se irá.
Yo le pagaré a Kyle, finalmente, el brandy, y caminaré a mi pequeño apartamento, situado en la planta alta sobre la casa de una señora viuda de apellido Wiseman de la que no sé mucho más.
Voy a mirar la tele y comer tocino y al día siguiente me voy a enterar de que encontraron muerto a Kyle pero ya la  parte de vengar su muerte me da mucha paja.
Y también me da mucha paja irme de Oklahoma así que, ya saben, en la próxima situación vuelve a aparecer Rex que resulta ser un plomazo.
Estoy en Jennings, condado de Pawnee, en Oklahoma, y estoy en la tienda de jardinería de Larry, “el viejo Larry” (que, para que se ubiquen, es el primo de Kyle) y se acerca Larry.
-Muchacho. –Larry me triplica en edad- ¿Qué buscas hoy?
-Necesito un buen fertilizante, Larry. Y algo que mate a esas malditas pulgas.
-Aguárdame. Tengo lo que necesitas.
Ahí Larry se retira momentáneamente y yo me pongo a ver unas flores que podrían ser del agrado de Cynthia que en esta situación es mi esposa (también acá le faltan las muelas) y, spoiler alert, entra Rex con su gorra de los Cardinals porque es de St. Louis pero esta vez no está borracho. Tiene el mismo aspecto que antes, todo igual, pero está sobrio y en esta situación nunca mató a Kyle por ende, Kyle sigue vivo.
Cuestión que entra y me pregunta si he visto al dueño y yo le digo que volverá en un momento.
Cuando Larry vuelve con mi fertilizante mira con ojos de susto a Rex (porque lo conoce) y le dice: “Juro que estoy juntando la plata, necesito más tiempo”.
Rex lo agarra del cuello de su camisa de leñador y le dice: “A mi jefe no le gustan las pérdidas de tiempo. Tienes hasta mañana o no vivirás para contarlo”.
Ahí yo voy a intervenir: “¿Por qué no sueltas al anciano?” y Rex, lentamente, se dará vuelta y me pegará una trompada que me dejará mareado un buen rato. Se irá.
-¿En qué líos te has metido, Larry?
-Es una larga historia…
Ahí aparecerá otro cliente a comprar un maceta y yo le voy a hacer un gesto a Larry que él entenderá como: “Pasaré luego y me pondrás al corriente, amigo”.
En ninguna situación tengo suerte.

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